lunes, 29 de septiembre de 2014

En el 55º aniversario de la Biblioteca Popular Pedro Goyena...


...se publica una nota sobre la obra de aquel periodista católico.


El diario local "Perspectiva Sur", en su edición del lunes 29 de septiembre de 2014 ofrece a sus lectores el artículo titulado "Pedro Goyena y la prensa católica de su época", que lleva la firma del periodista Jorge E. Padula Perkins.

Lo hace en relación directa con el 55º aniversario de la creación de la "Biblioteca Popular Pedro Goyena" de la ciudad de Quilmes (de la cual Padula Perkins es socio honorario).

Entre otras consideraciones, la nota (que puede leerse completa en este mismo blog) dice: 

Groussac lo describe como de “una fisonomía simpática, risueña a la par que pensativa: ojos pequeños, vivísimos, que vibraban por entre la orla negra de las pobladas pestañas una mirada penetrante; boca abultada de orador elocuente o decidor festivo; barba de misionero joven que afinaba un tanto el pálido perfil” y lo caracteriza por su “cordialidad expansiva, su alegre franqueza y su inalterable buen humor, su rápida asimilación intelectual y ese coger al vuelo el pensamiento ajeno a medio elaborar, con una presteza casi adivinatoria”.

De esta manera "Perspectiva Sur" ha querido no solo destacar la noble tarea de educación y divulgación de la cultura y el saber que, durante más de medio siglo ha venido desarrollando esta biblioteca popular, sino también algunas de las características éticas e intelectuales del periodista, escritor y político cuyo nombre lleva con orgullo.

Al margen de su cosmovisión, con la que puede coincidirse o no, lo que destaca a Pedro Goyena es la calidad de su labor con la pluma y su honestidad intelectual. Así lo sintetiza de algún modo el final del artículo cuando afirma:

Goyena murió económicamente pobre, en 1892 en el barrio de Flores, donde había vivido. Más se equivocó Paul Groussac, cuando a poco tiempo de aquella desaparición física pensaba que las jóvenes generaciones lo olvidarían. En el siglo XXI la figura de Pedro Goyena tiene su lugar en la historia de las ideas, razón por la cual no ha sido total su muerte y puede coronarse su existencia con la frase del poeta Horacio que Groussac estimara inalcanzable: Non ovnis moriar.


sábado, 17 de noviembre de 2012

La botadura de la Fragata Libertad. Antes y después de la noticia.


Por Jorge Eduardo Padula Perkins

“En una lucida ceremonia que presidió el presidente provisional, general Pedro Eugenio Aramburu, se procedió esta mañana a la botadura del velero – escuela “Libertad” de la Marina de Guerra.”, reza el primer párrafo de la noticia publicada el miércoles 30 de mayo de 1956 por el diario “El Litoral” de Santa Fe (Año XXXVIII – Nº 11.986).
 
Se trataba de un tradicional periódico de ocho páginas, con redacción y administración en la calle San Martín 2651 de la mencionada ciudad, en la provincia argentina homónima, fundado en 1918.

En su primera plana de la fecha citada, y en destacada ubicación, en el espacio superior izquierdo, por donde se comienza la lectura, la edición del penúltimo día de mayo de 1956, titulaba “FUÉ BOTADA LA FRAGATA ‘LIBERTAD’”.

En base a un cable atribuido a la agencia UP, con origen en Río Santiago (Buenos Aires), el medio daba cuenta de que “El presidente de la Nación llegó minutos antes de las 10 en compañía del ministro de Marina y fue recibido por el contralmirante Isaac Rojas y autoridades nacionales y provinciales. A su llegada fue saludado con una salva de artillería de 21 cañonazos.”

“Luego –continúa el texto periodístico- …se trasladó al palco principal instalado en el extremo posterior de la grada que rodea el casco del velero, ejecutándose en ese momento el Himno Nacional. Luego el contralmirante Teodoro Hartung pronunció breves palabras, tras lo cual la esposa del presidente de la República Sra. Sara Herrera …madrina de la botadura, procedió al bautismo de la nave.”

Por decreto Nº 7.922, del 27 de abril de 1956, se le impuso el nombre de "Libertad" a la embarcación destinada a ser buque-escuela de la Marina.

La construcción de la misma se había iniciado unos años antes en AFNE (Astilleros y Fábricas Navales del Estado), empresa estatal fundada por Decreto Nº 10.627 del Poder Ejecutivo, en junio de 1953, con sede en Río Santiago. 

Más precisamente, los trabajos comenzaron el 11 de diciembre de 1953, durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, quien colocó en la ocasión el primer remache del que sería el buque escuela de la entonces Marina de Guerra argentina. (una fotografía cuyo origen no ha podido ser determinado con claridad, se atribuye a ese momento y muestra a Perón, martillo en mano y rodeado de algunos uniformados que se perciben como marinos).

Paradójicamente, al sucesor presidencial de Perón tras el golpe de estado que produjo su derrocamiento en 1955, también se le atribuiría un gesto inaugural semejante. De ese modo lo asevera la nota de El Litoral: “Después de esta ceremonia el general Aramburu colocó el primer remache de una embarcación fluvial que se construirá en esta misma grada por encargo del Ministerio de Transportes.”

“Finalizado este acto –continúa relatando el artículo periodístico- el jefe de los astilleros entregó al general Aramburu un artístico martillo con su correspondiente cofre.”, y concluye informando que “Posteriormente el general Aramburu, el contralmirante Rojas, el interventor de la provincia de Buenos Aires contralmirante Hartung y demás autoridades que asistieron a la ceremonia, se dirigieron a la Casa de Gobierno donde fue servido un almuerzo”.

Para 1961, estando todavía la nave en construcción, fue designado comandante de la misma el Capitán de Fragata Atilio Porreti, conocedor, entre otras cosas, de la navegación a vela y llamado a tener un rol activo en esta última face de preparación del buque y selección y capacitación de sus tripulantes, puestos a prueba al año siguiente en que se produjo la primera zarpada. Tras sortear con holgura no solo la navegación sino un bautismo de mar enfrentando una tempestad, la fragata regresó a Río Santiago el 10 de noviembre de 1962 y justo un mes más tarde zarpó rumbo a la Base Naval de Puerto Belgrano, en donde recibió el pabellón nacional y comenzaron los preparativos para el primer viaje de instrucción que partió en mayo de 1963.

Había transcurrido una década desde aquel embrionario año 1953 en que comenzara su historia.

Fuentes:






http://www.astillero.gba.gov.ar/ [Consulta: 04-NOV-2012]




domingo, 9 de octubre de 2011

El periodista José Hernández


Si bien este trabajo ha sido ya publicado en el blog, se ofrece ahora en esta nueva presentación de libro on line, accesible para lectura, descarga e impresión.











lunes, 28 de marzo de 2011

“Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”. Trazos biográficos sobre Luis Clur.

por Jorge Eduardo Padula Perkins

Muchos lo recordarán por sus últimas alocuciones, prolongadas, contundentes, ineludibles, en las reiteradas ocasiones en que ha subido al escenario con todo su equipo de Telenoche (canal 13) para recibir el premio Martín Fierro.

Algunos sabrán del rol fundacional que le cupo en el Reporter Esso, en la revista Siete Días o en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Pocos tal vez, tengan la imagen del Luis Clur adolescente, del chico de 14 años sumergido en el trajín de la ya desaparecida agencia ANDI, en la que hizo sus primeros pasos en la profesión que habría de transitar por casi siete décadas.

“Me hice en las redacciones –diría en alguna ocasión- el periodismo es lo único que hice en mi vida. No conozco otra actividad”.

Autodidacta, lector incansable y precoz alumno de la escuela del quehacer frente a la máquina de escribir, nació el 2 de agosto de 1922.

En el florecer de su actividad, en los años ´30, habría de tener, entre otras responsabilidades, las de informar sobre los infaustos suicidios de Leopoldo Lugones y de Lisandro de la Torre.

Ya en 1945, Luis Clur sería uno de los fundadores de la Agencia Telenoticiosa Americana, origen de Télam, cuya denominación original se debía al carácter de servicio de notas por corresponsalía en distintos países del continente.

Nacida el 14 de abril de 1945, la agencia de capitales privados y estatales comenzó a funcionar en 25 de mayo 140 de la ciudad de Buenos Aires bajo la dirección de Gerónimo Jutronich y a cargo de una decena de periodistas, algunos de los cuales, como en el caso de Clur, provenían del plantel de la agencia ANDI.

El 17 de octubre de ese mismo año, le tocaría a Luis Clur, ser quien cubriera para ANDI el multitudinario movimiento social que reclamaba la liberación de Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García.

Al año siguiente, 1946, Clur pasa a integrar el staff de la agencia United Press International (UPI). Actúa en ella como periodista acreditado en Casa de Gobierno y Cancillería, y su vinculación al entonces titular de relaciones exteriores, Jerónimo Remorino, le permitió tener la confirmación de la muerte de Eva Duarte de Perón con anticipación al anuncio oficial y, por lo tanto, la primicia informativa del 26 de julio de 1952 con una anticipación de dos horas en relación con los otros medios.

Al respecto, otras fuentes ponen la primicia en el hallazgo de la información en un cesto de papeles ubicado en una dependencia de la Casa Rosada. De uno u otro modo, el caso es que la primicia para UPI la consigue Clur, quien, hacia 1996, sostenía que la muerte de Eva no había sido a las 20.25 como ha quedado registrado, sino a las seis de la tarde, hora en que la United Press International ya tenía la primicia, cuando “la gente todavía estaba rezando por ella frente a la residencia presidencial”.

Ese mismo año, Luis Clur ingresó al diario Clarín con carácter de redactor. Años más tarde alcanzaría en ese medio el cargo de secretario general de redacción.

Con la conducción de Moisés Schebor Jacoby y Luis Clur, la redacción de Clarín amalgama, hacia 1957 a periodistas consagrados, muchos de ellos provenientes del diario Crítica y a elementos jóvenes como lo eran por entonces Esteban Peicovich, Roberto Cossa o Rodolfo Rabanal.

Durante su extensa y prolífica carrera periodística, Clur tuvo ocasión de hacer importantes reportajes a personalidades tales como Ernesto “Che” Guevara, Juan Domingo Perón y John Fitzgerald Kennedy, este último realizado poco tiempo antes de su trágica muerte.

En 1962, Luis Clur firma con otros periodistas como Francisco Rizzuto, Virgilio Albanese, Alberto Gainza Paz y Roberto Romero, la que resultaría el acta fundacional de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que proponía entre sus objetivos la afirmación de la tradición espiritual del periodismo argentino, el seguimiento de normas éticas, la defensa de la libertad de expresión, el desarrollo técnico y cultural de la prensa y la vinculación estrecha entre todos los hombres de prensa de la República.

Ese mismo año, Luis Clur era distinguido con el premio KRAFT al periodismo y en el siguiente obtenía una beca otorgada por la American Press Institute, en la Universidad de Columbia.

Mil novecientos sesenta y tres habría de ser un año clave en la carrera profesional de Luis Clur: Dejando la secretaría general de Clarín, ingresa de pleno en la televisión.

El 11 de marzo de ese año, a las 23 horas, se emite el primer noticiero de la televisión privada que marca una tendencia estética en el género: El Reporter Esso.

Con información provista principalmente por la United Press International, agencia por la que Clur había transitado con éxito, el auspicio empresarial de la petrolera que le daba su nombre y la participación de la agencia de publicidad McCann Ericson, se trataba de un informativo de quince minutos de duración conducido por Armando Repetto, un correcto y circunspecto estudiante de medicina que se había dedicado a la locución.

Para su puesta en el aire, al mando de Luis Clur trabajaba un equipo de treinta personas, entre periodistas, camarógrafos y técnicos, que en un principio utilizaba cámaras mudas con la voz en off del conductor y posteriormente incorporaría sonido directo y la proyección de imágenes en movimiento por detrás de aquel.

Ganándose un espacio en un ambiente dominado por la prensa gráfica y radial, El Reporter Esso obtendría en poco tiempo un alto grado de credibilidad y reconocimiento, tanto del público como del propio medio periodístico, lo que sin duda era mérito de la capacidad y la audacia que Clur ponía en el proyecto.

Por este programa, Clur se hace acreedor, en 1965, de un premio otorgado por el semanario Esquiú.

A lo largo de su vida profesional habría de recibir también los premios Bunge y Born y de la Liga de Madres de Familia por la labor periodística, reiterados reconocimientos del Circulo de la Prensa, Diploma al Mérito en Dirección Periodística de la Fundación Konex en 1987, Premio Konex de Platino a la Producción periodística audiovisual diez años más tarde y 18 premios Martín Fierro por su responsabilidad en las áreas informativas de los canales 11 y 13.

Entre sus múltiples actividades fue también miembro de la Real Academia de Periodismo, responsable del área de noticias de Canal 11 de televisión y fundador de la revista Siete Días, de Editorial Abril (que hasta entonces se distribuía como suplemento del diario La Razón de los martes), aparecida en los quioscos el 16 de mayo de 1967.

En 1973 ingresó como jefe de redacción del diario La Opinión, donde se desempeñó hasta 1978. De su paso por este medio Clur recordaría el clima de inseguridad, varios atentados sufridos en la redacción del barrio de Barracas y una huida de la ciudad junto a Jacobo Timerman y otros compañeros en ocasión de haber sido advertidos de que un comando allanaría la sede del diario.

Caracterizado por la presencia del juicio y el análisis de los periodistas mediante un tratamiento profundo de los temas abordados, el diario, un tabloide sin fotografías, se convertiría en blanco de las miradas desconfiadas del gobierno de facto iniciado en 1976. Su director propietario fue expulsado del país y la empresa puesta al mando de una intervención militar, que, según lo relatara el propio Luis Clur en 1996, llegó a pedirle la renuncia con un arma sobre el escritorio, hecho que habría sido oportunamente denunciado tanto ante la justicia como ante otros medios de prensa.

Según algunas fuentes, Clur habría participado activamente en la redacción del diario La Tarde, que bajo la dirección de Héctor Timerman, comenzó a publicarse en Buenos Aires en marzo de 1976, como instrumento periodístico de apoyo al gobierno militar.

Posteriormente ingresó en el diario La Nación, en donde dirigió la entonces sección de Noticias Locales y Gran Buenos Aires y la de Cables del Exterior.

En los años ochenta, tras un corto paso por el área de noticias de canal 9, Luis Clur se vinculó con Telenoche, el informativo de canal 13 que pasaría a ser uno de sus productos más destacados y le significaría la obtención de diez de los dieciocho premios recibidos de parte de APTRA.

En 1991 fue públicamente acusado por la periodista Liliana López Foresi como responsable de la censura impuesta a un programa televisivo que por entonces ella conducía, en el cual, en virtud de una especie de acuerdo de “no agresión” entre el entonces presidente Carlos Menem y el Grupo Clarín, le fue vedado emitir opinión.

Paradójicamente, en mayo de 1996 y en su condición de director de Telenoche, respondía a acusaciones de Carlos Menem que sindicaban como “vendepatrias” a los responsables de una nota que mostraba con crudeza inusitada parte de la realidad social: “Nosotros sólo hablamos con la imagen”.

"Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”, supo aseverar Clur, con agudeza profesional y claridad anticipatoria, en los albores de un proceso globalizador que ubica a la comunicación social en el rol de inobjetable fiscal, capaz de poner en jaque, por acción o reacción, a individuos, grupos o regímenes de cualquier especie que avasallen los derechos humanos o la libertad.

En junio del año 2004, cuando se aprestaba al cierre de la última edición de su existencia, no es difícil imaginar a Luis Clur generando, en lo profundo de su mente, y a pesar de estar retirado de la actividad y enfermo, nuevas formas de gestionar la comunicación periodística: Un objetivo constante de su vida.

Con aciertos, contradicciones y errores, su extensa trayectoria en los medios de comunicación, torna a Luis Clur en un actor que amerita ser considerado en el contexto de la historia del periodismo.

Bibliografía y fuentes:

- Hermida, L. M. y Satas, V. (1999): TV manía. Programas inolvidables de la televisión argentina. Sudamericana. Buenos Aires.

- Ulanovsky, Carlos (1997): Paren las rotativas. Una historia de grandes diarios, revistas y periodistas argentinos. Espasa. Buenos Aires.

- Ulanovsky, C; Itkin, S. y Sirvén, P. (1999): Estamos en el aire. Una historia de la televisión en la Argentina. Planeta. Buenos Aires.

- Diario La Nación, Buenos Aires, 14 de mayo de 1996 / 13 de junio de 2004.

- Diario Página 12, Buenos Aires,14 de mayo de 1996.

- Diario Crónica, Buenos Aires, 13 de junio de 2004.



http://www.lanacion.com.ar/ Consulta: 29-06-04













miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pedro Goyena y la prensa católica de su época.

Por Jorge Eduardo Padula Perkins

“Perdonémosle los libros que no escribió para el futuro, porque de escribirlos hubiese conversado menos con sus contemporáneos. Para él no existía interlocutor mediocre; todo joven era una imagen del poeta Virgilio; caían a manos llenas sobre su mente los lirios de su palabra…”, ha expresado Ángel de Estrada (h) al referirse a Pedro Goyena.

La oratoria y la prosa escrita de Goyena, han sido ricas con tanta claridad como han marchado, como alguna vez aseverara el diario “El Nacional” de Buenos Aires, indubitablemente orientadas por su fe.

Integrante activo de la trascendente “Generación del ‘80”, estaba, dentro del abanico ideológico que la caracterizaba, claramente enrolado en el subgrupo de la militancia católica que exacerbaría su elocuencia en la resistencia al liberalismo en general y en particular en temas clave como las leyes de matrimonio civil y educación laica que se percibían como amenazas a la hegemonía del catolicismo en la sociedad argentina de entonces.

Groussac lo describe como de “una fisonomía simpática, risueña a la par que pensativa: ojos pequeños, vivísimos, que vibraban por entre la orla negra de las pobladas pestañas una mirada penetrante; boca abultada de orador elocuente o decidor festivo; barba de misionero joven que afinaba un tanto el pálido perfil” y lo caracteriza por su “cordialidad expansiva, su alegre franqueza y su inalterable buen humor, su rápida asimilación intelectual y ese coger al vuelo el pensamiento ajeno a medio elaborar, con una presteza casi adivinatoria”.

Algunas fuentes ubican a Pedro Goyena colaborando con el diario “La Prensa” y el periódico “El parlamento”. Todas coinciden en aseverar su participación en “Nación Argentina” y “El Nacional”.

Pero sin duda alguna, la labor encarada en la “Revista Argentina” y el periódico “La Unión” se ha correspondido con el período más prolífico de su actividad en los medios.

Hijo de Pedro Regalado Goyena y Emilia del Río Pedriel, este hombre que se constituiría en una pluma al servicio de la causa católica, nacía el 24 de julio de 1843 en Buenos Aires. Cursó los estudios primarios en la escuela particular de Juan Andrés de la Peña e hizo los de nivel secundario en el Departamento Preparatorio de la ciudad.

Estudiante de leyes, no había terminado aun su carrera cuando, en mérito a su capacidad, fue designado profesor de filosofía en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A partir de esa incursión en la docencia, sería más tarde profesor de Derecho Romano de la Universidad de Buenos Aires.

La política.

En su actividad política fue diputado provincial en dos ocasiones (1865-1867, 1870-1872), miembro de la Convención Constituyente de 1870, senador (1877-1878) y diputado nacional en tres períodos (1873-1874, 1880-1884, 1886-1890). También tuvo los cargos de director del Banco de la Provincia de Buenos Aires y Defensor de Pobres.

En 1884 fue uno de los fundadores de la Unión Católica, partido político surgido de un congreso que el catolicismo realizara en Buenos Aires en agosto y septiembre de aquel año, en el que participara también José Manuel Estrada. La Democracia Cristiana incluye en su historia a esta agrupación y a sus integrantes.

Singularmente, Pedro Goyena es también un referente fundacional de otro partido, la Unión Cívica de la Juventud, originada en un mitin del 13 de abril de 1890 que albergó a líderes de distintas tendencias opuestas al régimen de Miguel Juárez Celman, tales como Goyena y José Manuel Estrada, Barroetaveña, Del Valle, Bernardo de Irigoyen, Juan B. Justo, Lisandro de la Torre y el para entonces ex presidente de la República Bartolomé Mitre. La Unión Cívica Radical, también cuenta por lo tanto, en su raíz histórica, con la figura de Pedro Goyena.

Periodismo y letras.

Volviendo a la fecunda pluma de Goyena es dable destacar que no se limitó a la argumentación política, sino que lo mostró como hábil crítico literario, ensayista y biógrafo. Al respecto uno de sus trabajos más conocidos es el “Estudio sobre Félix Frías”.

“Nuestros hombres de letras han tenido y tienen más admiradores que lectores; y mientras el público en vez de estudiar las obras de los autores nacionales, se limite a recordarles con cierta estimación no propenderá entre nosotros la literatura”, ha afirmado en un texto que, si bien versa sobre José Manuel Estrada, se proyecta, como puede apreciarse claramente, sobre la totalidad del entorno sociocultural.

“Algo más que un respeto poco concienzudo buscan los que se dedican a la carrera literaria. Necesitan vivir, y por lo mismo encontrar en la producción intelectual lo que llaman los economistas un beneficio”, asevera con contundencia en la misma ocasión, a propósito de que los escritores contemporáneos, dice “no hallan honra ni provecho; porque no es honra uno que otro elogio de la prensa, desacreditado a causa de la prodigalidad con que se le concede; y en cuanto a provecho, basta decir que el general Mitre tuvo que vender su libro sobre Belgrano, por la cantidad de quince mil pesos, honorario frecuente de cualquier abogado en un asunto común”.

“El Nacional”, fundado el primero de mayo de l852 bajo la dirección de Dalmacio Vélez Sarsfield, fue una de las publicaciones que difundió sus escritos. Era un periódico de gran tamaño en cuyos talleres trabajaron hombres que luego dejarían huella en la historia de la prensa, tales como Eudoro Carrasco y Ovidio Lagos, quienes más tarde fundarían el diario “La Capital” de Rosario.

El 15 de septiembre de 1862 apareció por primera vez el diario “Nación Argentina” popularmente conocido como “La Nación Argentina”, cuyo redactor en jefe era José María Gutiérrez, quien se había desempeñado como secretario militar de Mitre durante la campaña de Pavón.
Habría de colaborar Goyena en esta publicación destinada, según su propia presentación, “a robustecer el vínculo de la nacionalidad argentina propendiendo a que no se malogren los sacrificios de medio siglo, ni la oportunidad suprema de afianzar las instituciones, la paz y la prosperidad de la República”, en la que también se difundirían temas históricos y literarios.

La “Revista Argentina”.

“Instaurare omnia in Christo”, el mandato de San Pablo de abarcar al mundo y a las cosas con el espíritu de Jesús, fue el lema de la “Revista Argentina”, que en 1868 vio la luz por primera vez, dirigida por José Manuel Estrada con la estrecha colaboración de Pedro Goyena, y cuya primer etapa de existencia se prolongó hasta 1872. Más tarde volvería a aparecer en el período 1880-1882.

Si bien se trataba de una publicación manifiestamente confesional, estaría abierta a plumas de muy diversos pensamientos que trataron allí, con altura académica y lingüística, cuestiones de política, economía, historia, ciencias, educación, filosofía, arte y literatura, por caso, Aristóbulo del Valle, David Lewis, Eduardo Wilde, Lucio Mansilla, Carlos Guido, Miguel y Pedro Goyena.

De hecho, la prensa católica no limitaba su existencia a la disputa ideológica con el liberalismo, sino cumplía otros roles comunicacionales y culturales en un contexto social que reclamaba y hacía uso de tales publicaciones. Servía para difundir valores literarios y artísticos, mediaba en la convocatoria a los festejos, informaba sobre la creación de nuevas parroquias, el nombramiento de sacerdotes y otras decisiones del gobierno eclesiástico y constituía un canal de comunicación entre los feligreses y las estructuras de autoridad religiosa.

En 1869, la “Revista Argentina” publicaba una profusa crítica sobre Ricardo Gutiérrez construida por Pedro Goyena, quien, entre otras cosas dice que “la poesía de Gutiérrez es, en realidad, como un cielo cubierto de nubles sombrías, donde brillan a veces los fulgores de una esperanza que se extingue rápidamente, haciendo todavía más oscura la región que iluminó”.

“La Unión”.

Junto con Emilio Lamarca, José Manuel Estrada, Navarro Viola y Tristán Achával Rodríguez, Goyena pone en marcha, el 1 de agosto de 1882, el periódico “La Unión”, con la intención de competir no solo doctrinariamente, sino en la captación de lectores.

“Este diario de propósitos pacíficos como su título lo indica, será tal vez un diario de combate. Su nombre es un llamamiento, una divisa y un programa” señalaba una de sus columnas editoriales, y agregaba que “el grupo de ciudadanos que ha fundado este diario, no tiene ambiciones ni rencores; no pretenden gobernar ni estorbar al gobierno; respeta la ley y las autoridades creadas por la ley, como representantes según el orden de derecho, de la autoridad excelsa en que tienen origen los poderes legítimos”. Asimismo, acentuaba su condición católica y señalaba su posición contraria a los avances del liberalismo. En ese sentido no eludiría los debates con otras publicaciones de entonces, como el “Sud América” que dirigía su amigo personal y oponente ideológico Paul Groussac.

No era extraña la presencia de un periódico confesional, dado que en esos tiempos se daba un florecimiento claro de la prensa católica, en especial en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que acompañaba la expansión económica y territorial y a las grandes masas inmigratorias que poblaban tales regiones. “La América del Sud”, “La Voz de la Iglesia” y “El Pueblo” eran, junto a “La Unión”, medios de cierta envergadura asociados ideológica y dogmáticamente al catolicismo. Paralelamente, los pueblos del interior veían también nacer periódicos locales vinculados a las parroquias.

Amén de las dotadas plumas de sus realizadores, “La Unión” contaba con un entramado de colaboradores, que suplía de alguna manera la falta de corresponsales profesionales. Al respecto el mismo diario señalaba, con elocuente ironía, que tales contribuyentes podían distribuirse en tres categorías, a saber “el colaborador anónimo, murmurador, maledicente….que tiene siempre una denuncia en el bolsillo; el colaborador noticioso, cronista por carambola…; el colaborador solemne, con grandes aires de literato…”.

En cuanto a su distribución, se hacía por suscripción, contando con un promedio de 1.500 adherentes. Esa aceptación le permitió funcionar con imprenta propia, en el mismo predio donde tenían su estudio Goyena y Nevares.

Como los otros medios católicos, “La Unión” no tenía dependencia directa del episcopado, razón por la cual hacía también, como se dijo, las veces de mediador entre la feligresía y las autoridades del clero. “Va a hacer un año que Suipacha se halla desprovista de cura titular”, indica una nota aparecida en sus páginas el 25 de septiembre de 1886, agregando que “muchas familias que no quieren tener sus hijos sin bautizar se costean hasta Mercedes”, apostrofando : “No pidamos después a los pueblos de la campaña que cumplan con los deberes religiosos si faltan quienes deben darles el ejemplo”.

Goyena murió económicamente pobre, en 1892 en el barrio de Flores, donde había vivido. Más se equivocó Paul Groussac, cuando a poco tiempo de aquella desaparición física pensaba que las jóvenes generaciones lo olvidarían. En el siglo XXI la figura de Pedro Goyena tiene su lugar en la historia de las ideas, razón por la cual no ha sido total su muerte y puede coronarse su existencia con la frase del poeta Horacio que Groussac estimara inalcanzable: Non ovnis moriar.

Bibliografía y fuentes:

- Bruno, Cayetano (1988): Creo en la vida eterna. El ocaso cristiano de los próceres 1. Didascalia. Rosario.
- De Marco, Miguel Ángel (2006): Historia del periodismo argentino: desde los orígenes hasta el centenario de Mayo. EDUCA. Buenos Aires.
- Espósito Fabio (2003): Lectores y lecturas en el Ochenta. En Orbis Tertius, 2002-2003, VIII (9). En línea: http://www.orbistertius.unlp.edu.ar/numeros/orbis-tertius-9/articulos/02-esposito.pdf [Consulta: 23-AGO-2010]
- Groussac, Paul (1980): Los que pasaban. Selección. Colección Capítulo. CEAL. Buenos Aires.
- Miranda, Lidia (2006): La prensa católica y sus lectores en la Argentina , 1880-1920. En “Tiempos de América”, Nº 13, pp. 59-71. En línea: www.raco.cat/index.php/TiemposAmerica/article/viewFile/105682/163944 [Consulta: 23-AGO-2010]
- Prieto, Adolfo (1980): Historia de la literatura argentina. Tomo I. CEAL. Buenos Aires.
- Ravina, Aurora –Directora general- (sin fecha): Historia de la literatura argentina. Fascículo 21, La literatura de la generación del ’80 V. Colegio Nacional de Buenos Aires, Página 12. Buenos Aires.
- Sarlo, Beatriz (1980): Historia de la literatura argentina. Tomo I. CEAL. Buenos Aires.
- http://es.wikisource.org/wiki/Siluetas_parlamentarias:_09 [Consulta: 20-AGO-2010]
- http://www.nuevadc.com.ar/contenido/HistoriaMain.asp [Consulta: 20-AGO-2010]
- www.elciudadanoweb.com/?p=72093 [Consulta: 20-AGO-2010]
- http://sanantonio.freeservers.com/Escuela/InstPGoyena.htm [Consulta: 20-AGO-2010]
- http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Goyena [Consulta: 20-AGO-2010]
- http://www.buenosaires.gov.ar/areas/ciudad/historico/calendario/destacado.php?menu_id=23203&ide=87 [Consulta: 24-AGO-2010]
- http://es.wikipedia.org/wiki/Unicato [Consulta: 24-AGO-2010]
- http://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_C%C3%ADvica_Radical [Consulta: 24-AGO-2010]
- http://es.wikisource.org/wiki/Non_omnis_moriar [Consulta: 25-AGO-2010]
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* Trabajo originalmente publicado en la revista "Ensayos Académicos" del Instituto Superior Pedro Goyena de la ciudad de Bahia Blanca, Buenos Aires, Argentina, Año X, número 1, noviembre de 2010.
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jueves, 15 de abril de 2010

“El Quijote y La Palabra ” (un video de Pablo Banegas)

Por Jorge Eduardo Padula Perkins

El periódico " La Palabra " de San Pedro, producto del intelecto y de las manos laboriosas de don José B. Arcuri, fue un faro que iluminó a las juventudes que encontraron en ese papel rústico y el amplio corazón del componedor de tipografías y de sueños, un espacio para publicar sus escritos.

En el momento en el que se editó “Cuando el ‘loco’ Arcuri tenía ‘ La Palabra ’”
(http://periodismodeayer.blogspot.com/2009/09/cuando-el-loco-arcuri-tenia-la-palabra.html ), se lo hizo con un claro sentido de reconocimiento por la noble tarea con la que José Bechara Arcuri hizo de su vida un apostolado periodístico.

El transcurso del tiempo constituyó a ese humilde escrito en un espacio de encuentro de personas que, desde uno u otro ángulo, se sumaron a la intencionalidad original y aportan a la memoria histórica en torno de don José Arcuri y el periódico “ La Palabra ”.

En ese contexto hemos tenido el honor de recibir la adhesión de dos de los sobrinos nietos del “loco” Arcuri, Leandro José y Gabriela Bechara Arcuri, y de la fotógrafa y guía de turismo Matilde Carreras, quien aportó la imagen del busto que acompaña al post.

Ahora, gracias al desinteresado aporte de Pablo Banegas, sumamos a este homenaje un valioso trabajo fílmico documental, a través del cual se rescatan para la memoria local, pero también de la humanidad, imágenes de un hombre preñado de ideales y consecuente con ellos en su vida cotidiana.

Este es un documento histórico y cultural de valor inestimable que debería ser difundido y protegido como patrimonio de la ciudad de San Pedro, en tanto rescata imágenes inéditas de quien fuera el director y propietario del periódico “ La Palabra ”.

Se trata de una realización de su coterráneo, el escritor y guionista Pablo Alfredo Banegas. Un trabajo producido originalmente en Super 8 fílmico en el año 1983, cuando Banegas tenía 15 años y cursaba sus estudios secundarios al tiempo que se deslumbraba, simultáneamente, con la magia del cine y de la imprenta.

En las imágenes se puede apreciar, entre otras cosas, el frente del edificio en donde funcionaba " La Palabra " (Oliveira Cézar 41), parte de la maquinaria de la antigua imprenta en pleno trabajo, y una muestra de la noble labor cotidiana de José Bechara Arcuri en ese, su ámbito de vida y de sueños.

lunes, 1 de febrero de 2010

El “diarito” Prensa Barrial



por Jorge Eduardo Padula Perkins


Los vecinos residentes en el radio comprendido entre Avenida La Plata, 12 de Octubre, Andrés Baranda y República del Líbano de Quilmes Oeste, se encontraron un día de octubre de 1991 con la singular, novedosa y simpática presencia de un pequeño periódico zonal de distribución gratuita: Prensa Barrial.

No existían por entonces emprendimientos de esa índole, es decir una publicación local de carácter periodístico profesional, sin precio de tapa y sin fines de lucro.

Dirigida por Marta Alicia Armella y con Jorge Padula Perkins como redactor, la publicación se definió a si misma de manera inequívoca como “periódico zonal independiente de interés vecinal”, ofreciéndose en el accesible tamaño de 16,5 por 21,5 centímetros en ediciones que variaron entre las 8 y las 12 páginas.

A partir de entonces habría de distribuirse, durante dos años consecutivos, a través de los comercios anunciantes y personalmente o por correo en las instituciones públicas y privadas de su área de influencia, incluyendo la biblioteca municipal Sarmiento y la Biblioteca Nacional de Argentina.

El espíritu con el que el periódico veía la luz era claramente señalado en la nota editorial del número uno que, bajo el título de “Periodismo local” señalaba que “ en sus comienzos, el periodismo era básicamente regional. Nacía, actuaba y servía en el seno de una comunidad” pero con posterioridad debió satisfacer mayores sectores de públicos con un criterio de mercado, lo que motivó que los grandes medios, nacionales pero también comunales, fueron dejando de lado la información zonal, razón por la cual Prensa Barrial surge “para ser el medio de comunicación de su zona de influencia, una porción concreta de nuestra ciudad, con sus realidades, sus actividades y su necesidad de comunicación. Para que cada vecino sepa qué está sucediendo en su entorno inmediato, qué le ofrecen sus conciudadanos de unas cuantas cuadras a la redonda en materia profesional, social, cultural y de servicios, y qué propuestas hay para el desarrollo colectivo. En definitiva, un medio que, dentro del marco ético de la profesión periodística, actuará como órgano independiente al servicio del interés vecinal”.

De este modo, desde el primer día y a lo largo de sus dos años de vida, Prensa Barrial se constituyó fácticamente en el medio de comunicación de los clubes, sociedades de fomento, centros de jubilados, cooperadoras escolares, bibliotecas populares, museos y los vecinos en forma individual y colectiva.

“Dos años” fue el título de la nota editorial del número aniversario de octubre de 1993, en la que se sintetizaba de algún modo la inserción y la labor de Prensa Barrial en su contexto.

“A lo largo de dos años de ejercicio ininterrumpido de periodismo zonal independiente ha quedado acabadamente demostrada la necesidad misma de la existencia de nuestro medio”, afirmaba y continuaba aseverando que “no lo decimos nosotros. Lo demuestra el flujo permanente de información que hacen llegar a Prensa Barrial las distintas instituciones locales para su publicación, indicador indubitable de cómo el periódico sirve para canalizar las necesidades de comunicación de esas organizaciones barriales” que encuentran siempre en este medio “un espacio mediante el cual efectivizar sus convocatorias destinadas al bien común”.

Asimismo se aseguraba que “por otra parte son muchos los vecinos que de la lectura de este medio han hecho un hábito, al descubrir que, aun en el marco de su sencillez, constituye una fuente irremplazable de información estrictamente barrial” y que “son varios también los que inclusive han sugerido temas de interés comunitario para su tratamiento en estas páginas”.

Prensa Barrial, se dice finalmente, es a dos años de su nacimiento “como un vecino más; conocido y reconocido medio de comunicación comprometido éticamente y desde su autonomía con la comunidad que, a través de la participación permanente, le da vida”.

No obstante el lugar alcanzado y el entusiasmo puesto de manifiesto por sus realizadores, las circunstancias no permitieron la continuidad del proyecto.

“Prensa Barrial pasará a ser historia. La última edición” fue el título de su postrer editorial, en noviembre de 1993 que señalaba puntualmente: “Con estas líneas y tras dos años ininterrumpidos de servicio a la comunicación vecinal, nos despedimos de nuestra humilde pequeña labor con la misma dignidad y honor con que lo haríamos de la más grande empresa. Lo hacemos seguros de haber cumplido nuestro propósito, el de hacer periodismo profesional al servicio de la comunidad local, siempre en un marco de referencia ética y con responsabilidad y transparencia. Nos hemos comprometido moralmente al servicio del barrio, sus instituciones y sus habitantes sin ceder nuestra independencia editorial y sin posicionamientos políticos, ideológicos o dogmáticos de ninguna índole, y hemos recibido a cambio y sin proponérnoslo muchas muestras de reconocimiento y afecto que al tiempo que nos halagaron sirvieron de estímulo para continuar transitando el camino andado”.

Finalmente se afirmaba que “hoy confluyen en las vidas de quienes forjamos este medio, circunstancias de diversa índole que nos obligan a tomar esta decisión, producto de una evaluación concienzuda de la realidad. Nos despedimos entonces con el dolor de tener que cerrar un ciclo importante para la vida de nuestra comunidad vecinal, pero con el orgullo de haberlo constituido”.

Escrito a máquina, ilustrado y diseñado a pura imaginación y voluntad, distribuido a pie y a costa del tiempo personal de quienes lo hacían, pero portador inefable del sentir de la gente, el “diarito”, como algunos lo apodaban, se ganó un lugar en la historia y el alma del barrio.