martes, 22 de noviembre de 2016

Periodismo, historia y "Humanidades Digitales"



   En la edición de octubre de 2016 de la revista “Ensayos Académicos” se ha publicado el artículo “Humanidades digitales al alcance de todos” (páginas 105-111).

    Con asiento en la praxis, pero también con el sostén de referencias teóricas, se presenta a las humanidades digitales como  “la libre asociación entre todo tipo de contenidos humanísticos y los recursos de variada índole que ofrece, y promete en el futuro inmediato,  el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones”.

    “Son parte viva y práctica –asevera Jorge Padula Perkins- del proceso de desarrollo de la sociedad, que nos involucra pasiva o activamente, en mayor o menor medida, de uno u otro modo, con o sin consciencia de ello”.

    Las claras relaciones entre el periodismo, su historia y la historia en general con los recursos digitales, todo dentro del amplio concepto de Humanidades Digitales, hace adecuado traer a este espacio la publicación original y su transcripción, que aquí se presenta.


Transcripción del texto completo 

“Humanidades digitales” al alcance de todos.

Jorge E. Padula Perkins

En todos los tiempos, las actividades humanas se han apropiado de las tecnologías disponibles, de las herramientas de cualquier tipo susceptibles de ofrecer aplicaciones que facilitaran, mejoraran o contribuyeran al conocimiento, la indagación y la difusión de la materia en cuestión, cualquiera que ella fuere.

La información y las comunicaciones han recibido con beneplácito y asimilado con fruición los desarrollos informáticos y el surgimiento de Internet, desde sus primeros pasos hasta la actualidad en renovación constante.

Así “lo digital” (como  referencia abreviada a la representación de información de modo binario, como base del funcionamiento de las computadoras y también a los sistemas de transmisión de datos mediante circuitos y señales) se ha puesto en primer plano en los más diversos órdenes de la actividad humana, teórica y práctica, casi sin exclusiones.

En el mundo digital se desenvuelve el comercio, la operatoria bancaria, el periodismo, las artes, la historia, la filosofía, el turismo, la medicina, el derecho, la política. La cultura en todas sus facetas.

En ese marco de referencia y en un sentido amplio encuentran su espacio en la escena académica e intelectual, las “Humanidades digitales”, una denominación que, tomando como base la tradicional acepción de humanidades como el “conjunto de disciplinas literarias, artísticas, filosóficas e históricas”, la asocia a las posibilidades de interacción, comunicación, divulgación, investigación y estudio que ofrecen las nuevas tecnologías.

A partir de ese sencillo vínculo entre las humanidades y lo digital, expertos provenientes de diversas disciplinas pujan por proponer expresiones que lo definan.  En tal sentido, la revista española ArtyHum ha editado, a fines del 2015, un monográfico de 113 páginas titulado “La realidad de las Humanidades Digitales en España y América Latina” en el que reconocidos estudiosos ofrecen valiosas descripciones y definiciones sobre el tema.

A mi entender, la era digital es a nuestros días lo que la invención de la imprenta a la sociedad del Siglo XIX, que bien pudo acuñar la expresión “Humanidades Impresas”. Ello desde una perspectiva de incidencia psicosocial y más allá de los cambios de paradigmas simbólicos y de las lecturas no lineales que, entre otros elementos, caracterizan a nuestra contemporaneidad en materia de comunicaciones.

En este contexto, y como asevera Fainholc (2004), no hay que perder de vista que “la construcción del conocimiento –y la creatividad, me permito agregar- es tarea de las personas y no de los aparatos” ya que se ponen en juego “los conocimientos que posee el sujeto, sus experiencias previas, su selectividad referida al contenido lógico-simbólico y a lo tecnológico de los programas informáticos de que se trate y que posibilitan el establecimiento de links, animaciones, interacción conectiva a otras direcciones de Internet, etc., a lo cual habrá que sumar lo socioemocional-idiosincrático de cada quien, la pertenencia a un grupo cultural, etc.” (ídem.).

Como alguna vez ha escrito Piscitelli (2013) “Quizás lo que mejor defina a las humanidades digitales no sean tanto las tecnologías a las que recurre (innumerables y volátiles), ni los métodos (que provienen de los campos consagrados más diversos), sino cierto `encuentro´ alegre y juguetón con la representación digital en si misma”

Interpretada la cuestión como una simple asociación entre contenidos y recursos tecnológicos (tal y como históricamente ha sucedido), me permito proponer a las “Humanidades Digitales” como la libre asociación entre todo tipo de contenidos humanísticos y los recursos de variada índole que ofrece, y promete en el futuro inmediato,  el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

No obstante la simplicidad que entonces implica hablar de “Humanidades Digitales”, los ámbitos académicos proponen análisis, congresos y seminarios, cátedras específicas y hasta titulaciones de posgrado para la materia.

Lejos de ese abordaje, esta nota intenta patentizar la cercanía de cualquiera de nosotros, poeta, cantante, compositor, escritor, autor, artista plástico, historiador, filósofo, sociólogo, psicólogo o jurista (sin pretender agotar la nómina) tiene o puede tener con las “Humanidades Digitales” en tanto utilice la herramienta informática y vehiculice sus creaciones a través de Internet.

Y en tanto su presencia en la Web se incrementa y solidifica, también el usuario o consumidor, receptor no especializado (quizá pasivo, tal vez interactivo) se vincula de manera indubitable, consciente o inconsciente, con las “Humanidades Digitales”.

Resulta paradójico el modo tradicional a través del cual “actores u observadores de las digital humanities (Humanidades Digitales)” reunidos en París con motivo de un taller denominado THATCamp, en los días 18 y 19 de mayo de 2010, buscan su espacio y sentido emitiendo un denominado “Manifeste des Digital humanities” (Manifiesto por unas Humanidades Digitales). Esto es, una exposición escrita sobre las motivaciones (Contexto, Definición, Situación, Orientaciones), que culmina un llamado de profundo contenido expresivo y simbólico: Rejoignez-nous ! (¡Únete a nosotros!). Esto es, al más puro y clásico estilo de los manifiestos políticos, artísticos y sociológicos de los Siglos XIX y XX.

La bibliografía y otras fuentes que nos provee precisamente la tecnología a través de la búsqueda en Internet muestra, por un lado la unicidad de criterio en cuanto a lo antes referido respecto de las “Humanidades Digitales” y por otra parte, la especificidad que las mismas adoptan en relación con las distintas áreas del saber, el estudio, la investigación, el conocimiento y la creación.

De hecho son realidades y usos muy diferentes los que se enmarcan en la asociación entre las nuevas tecnologías o “lo digital” y las múltiples ramas de las humanidades.

Algunas manifestaciones de las “Humanidades Digitales” en la web.

Publicaciones de envergadura como “Letralia. Tierra de letras”, revista literaria de los escritores hispanoamericanos en Internet, en línea desde el año 1996 (desarrollada desde Cagua, Aragua, Venezuela, que con un paréntesis técnico entre el 2000 y el 2003 continúa editándose hasta nuestros días); “Ensayos Académicos” publicación anual del Instituto Superior Pedro Goyena de Bahía Blanca, Argentina, nacida y editada durante más de diez años en papel y finalmente consolidada en línea a partir del 2014 o “ArtyHum”, revista digital de artes y humanidades producida mensualmente en Vigo, Pontevedra, España, desde el 2014, pueden citarse (cada una en su categoría y condición) como ejemplos de la calidad profesional de las publicaciones que pueden encontrarse en Internet. Son aportes y modelos del ejercicio diferenciado y específico de las “Humanidades Digitales”.

En otras áreas, archivistas, historiadores y bibliotecarios, por ejemplo, destacan las posibilidades de digitalización de incunables y documentos originales para hacerlos visibles y circulantes, en principio dentro de los ámbitos académicos y finalmente accesibles a la sociedad toda. Por citar solo un ejemplo, el manuscrito conocido como "Vergilius Vaticanus" (año 400), con fragmentos de la obra del poeta romano Virgilio (nacido en el año 70 a.C.) ha sido digitalizado y está disponible en línea de manera libre y gratuita.

Los artistas plásticos ya disponen de plataformas a través de las cuales exhibir reproducciones fotográficas y vender los originales de sus pinturas y esculturas.
Museos, edificios y sitios históricos pueden ser “recorridos” en paseos virtuales tridimensionales de impactante calidad visual desde las computadoras personales de cualquier individuo conectado a Internet.

La popular red social de videos Youtube ofrece innumerables posibilidades de acceso a realizaciones audiovisuales de variado contenido y calidad (cine, video, música, tutoriales, documentales, etc.), de carácter profesional o amateur.

El desarrollo de blogs personales también constituye un abanico de información, creatividad, imaginación, arte, política, filosofía, historia, literatura, etc. que con variado grado de profesionalismo, arte o maestría, son socializados a través de Internet.
Inclusive la red Facebook, ampliamente conocida y difundida, hace de cada usuario un productor cultural que comunica ideas y pensamientos, posiciones políticas o filosóficas, criterios estéticos, lenguas, usos y costumbres, etc. propios o ajenos.

Second Life (segunda vida) es un interesante ejemplo de combinación de juego con contenidos culturales. Se trata de un mundo virtual tridimensional. Para los entendidos en la materia, más específicamente un “metaverso” (un universo abstracto, digital y paralelo) en donde, previa inscripción y mediante la utilización de un “avatar” (protagonista virtual personalizado) se pueden ejecutar acciones semejantes a las de la vida real.

Pero, más allá de sus capacidades lúdicas, este producto de Linden Lab en línea desde el año 2003, admite y ha recibido propuestas culturales de diversa índole, que van desde recitales de música hasta un museo virtual como es la Casa de Canarias en Second Life (que no solo participa del “metaverso” sino también reproduce alguna acciones a través de videos disponibles en su blog). La Casa de Canarias en Second Life es un espacio abierto a todas aquellas personas interesadas en el archipiélago y su cultura. Un punto de referencia canario en esta sociedad virtual, en donde tienen cabida tertulias, presentaciones de libros, exposiciones, revistas de actualidad y otras manifestaciones culturales referidas a las Islas Canarias.

Más allá de sus fallas de seguridad (ha sufrido, por ejemplo, modificaciones de carácter difamatorio o agresivo en biografías de personajes políticos) y sus características intrínsecas de apertura y producción colectiva sin restricciones (cualquier usuario puede incluir información no sujeta a revisión, salvo la de otros usufructuarios que pudieran detectar errores con posterioridad) que reducen notablemente la credibilidad de sus contenidos, la enciclopedia virtual “Wikipedia” es un modelo de tarea colaborativa en línea. Esto es así en tanto se trata, como se dijo, de un compendio de información provista e ingresada al sistema por contribuyentes individuales de todo el mundo. Mostrada como una enciclopedia de contenido libre, tiene una presencia destacada en Internet y ubicación privilegiada en los resultados de las búsquedas. Se desarrolla en varios idiomas y alberga infinidad de entradas y enlaces internos y externos sobre las temáticas más variadas, al igual que biografías de personas con actuación (destacada o ignota) en las artes, las letras, la política, el cine, la medicina, la filosofía, la sociología, el teatro, etc.

Condiciones de accesibilidad a las “Humanidades Digitales”.

Siguiendo el planteo de Tedesco (2005) sobre condiciones básicas de educabilidad en un marco de equidad social (que supone como mínimo un desarrollo cognitivo asentado en  una sana estimulación afectiva, buena alimentación y condiciones sanitarias adecuadas y una socialización primaria que incluye rudimentos de un marco básico que permita a los niños insertarse en la escuela primaria), no se puede eludir el hecho de que, para que exista un vínculo amigable y significativo entre las personas (en forma individual o colectiva) y las “Humanidades Digitales”, deben darse tales condiciones de accesibilidad y otras más específicas.

Al respecto señalaré algunas y dejaré otras a la libre imaginación del lector o a la especificidad del uso o interés que en materias o casos específicos pudieran patentizarse: Comprensión de textos, dominio del vocabulario, internalización del “aprender a aprender”, hábitos de estudio e investigación, habilidades para el ordenamiento y la estructuración lógica de conceptos, cultura general, sensibilidad estética, habilidades para el uso de herramientas informáticas, capacidad para la asimilación y comprensión de propuestas diferentes (Padula Perkins, 2008).

Parafraseando a Tedesco (ídem) y a un interrogante propio, dejaré pendiente la respuesta a esta pregunta: ¿Cuánta equidad social es necesaria para el aprovechamiento exitoso de las “Humanidades Digitales”?

Como puede notarse (dadas ciertas condiciones básicas), de las “Humanidades Digitales” son protagonistas, usuarios, desarrolladores y beneficiarios, tanto quienes actúan en ámbitos académicos, como quienes están ajenos a ellos. La comunicación se ha tornado multidireccional y todas las personas tienen la posibilidad de ser no solo receptores sino también emisores.

En ese contexto, se presenta el desafío de tener que distinguir y seleccionar entre la riqueza y la pobreza de contenidos. El reto personal de valoración de las fuentes y cotejo de información en el caso de estudiosos o investigadores.  La posibilidad de enfrentarse a expresiones artísticas desconocidas y tener que valorarlas por si mismas, sin los contextos físicos o informativos que tradicionalmente las rodeaban y/o precedían. De ser, como el “oyente emotivo” de la clasificación en la que Theodor Adorno ubicaba a los oyentes de la música: Desinformado y por lo tanto abierto a valorar a través de su propia emoción (Monjeau, 2008).

Aquí aparece la importancia del bagaje de conocimientos con el cual los grupos sociales y los individuos se enfrentan a lo que las “Humanidades Digitales” les ofrecen. De esa capacidad se desprende el grado de reconocimiento, beneficio y asimilación cultural que pueda ponerse en acción en la búsqueda y aprovecharse ante los hallazgos.

Si bien Internet revierte en gran medida “el monopolio de hechos de los medios de producción y difusión a gran escala de la información” que preocupara a Bourdieu (2007), acentúa la importancia de las condiciones de producción que generen el acceso al conocimiento, si se pretende que “cada vez más gente reúna las condiciones necesarias para apropiarse de lo universal” (ídem), dado que “democratizar y afianzar la sociedad del conocimiento no implica solo el acceso a las tecnologías”, como advierte Fainholc (2004), sino también “comprenderlas, apropiarlas crítica y reflexivamente y otorgarles un sentido personal y sociocomunitario” (ídem.).

Debe entenderse también que el vínculo entre las “Humanidades Digitales” y las personas y grupos requiere de un deseo, gusto o necesidad (explícito o implícito) de parte de éstos. Ya que es a partir de una realidad conocida y reconocida, desde donde se estimula la identificación de los actores como sujetos participantes de la cultura y pueden ponerse en acto “mecanismos de empatía y motivación tendentes a incentivar su participación en vivencias culturales novedosas que los enfrenten con situaciones hasta entonces ocultas en la negación o en la ignorancia” (Padula Perkins, 2015).

“Humanidades Digitales” en una experiencia personal.

Como autor de letras de canciones, he podido hacer un abordaje empírico sobre algunos aspectos de las “Humanidades Digitales” que, en base de un artículo publicado al respecto, voy brevemente a comentar (Padula Perkins, 2016).

El desarrollo tecnológico del que se ha dado cuenta precedentemente fue ofreciendo, en distintas y distantes etapas, herramientas para la mediatización del vínculo creativo entre el autor y el compositor. En la actualidad las nuevas tecnologías permiten superar tiempos y distancias con facilidad. Autores y compositores que no se conocen personalmente, que viven a miles de kilómetros de distancia o que aun estando relativamente cercanos no pueden hacer coincidir sus tiempos disponibles para concretar encuentros personales, hallan en estas tecnologías (archivos de audio, programas para escritura de partituras, correo electrónico, Skype, Facebook, Youtube, etc.) a mediadores amigables y sumamente prácticos a la hora de adentrarse en el proceso de producción artística.

En relación con los intérpretes, también las tecnologías cumplen un rol importante ya que en muchos casos los compositores graban pistas que, siempre a la distancia, envían a los cantantes para  que graben sobre ellas su voz (e inclusive algún otro instrumento). Obviamente, también puede vehiculizarse con facilidad la partitura escrita o cualquier otro tipo de notación musical.

Las posibilidades de comunicación entre autor y/o compositor e intérpretes tendrán formas semejantes a las ya mencionadas, amén de la libertad de la que estos últimos deben gozar para formular su arte desde una perspectiva personal y también creativa.

En cuanto a la protección del derecho de autor, más allá de la vigencia y funciones legales y operativas de las sociedades de autores y compositores que en cada país nos representan, Internet ofrece modernas formas de protección de los derechos morales. A modo de ejemplo valga mencionar sitios como Safe Creative, Creative Commons o Músicas Registradas. Con distintas características y formas de funcionamiento, este tipo de espacios resulta apto para la protección de los derechos básicos, aunque no así para los económicos, que son materia exclusiva de las sociedades de autores y compositores que no solamente resguardan derechos sino también actúan como entidades recaudadoras.

Finalmente y dentro del contexto de las piezas musicales, cabe la mención de las amplias posibilidades de difusión de obras que Internet ofrece. Espacios tales como Youtube (video), Reverbnation (audio) son paradigmáticos entre muchos otros aptos para la difusión de material audiovisual y de sonido. Secundariamente, las piezas alojadas en esos sitios pueden luego ser compartidas y reproducidas (mediante enlace o inserción) en blogs, medios periodísticos y redes sociales como Facebook (que también puede alojar videos de manera directa), Twitter o Google +, entre otras.

Otra alternativa para la difusión de composiciones musicales es la de la generación de códigos QR, del inglés Quick Response (código de respuesta rápida), que es un módulo para almacenar información en una matriz de puntos o en un código de barras bidimensional. Ello permite la lectura (y consecuente acceso directo) a través de teléfonos celulares.

Como puede advertirse a través de esta experiencia personal, en el campo de las “Humanidades Digitales”, la creación de autores y compositores de música y su socialización a través de los intérpretes (como así también de la difusión de letras y partituras) forma parte de una realidad cotidiana y fácilmente apreciable en las redes sociales.

No está demás decir que las canciones, la música popular, es emergente y transporte de culturas en sus más diversas manifestaciones, que van desde la significatividad del género musical (o su ruptura, creación o recreación), hasta los contenidos emocionales, sociales, históricos, psicológicos, geográficos y de otro tipo que estuvieran tácita o explícitamente incluidos en las letras.

Comentario final pero no de cierre.

Como se ha podido advertir, el de las “Humanidades Digitales” es un mundo cercano, a la vez académico y popular, tanto como lo son las humanidades (que remiten de uno u otro modo a nuestra propia condición de persona) y “lo digital” (presente en el cotidiano quehacer de millones de ciudadanos del mundo).

Las “Humanidades Digitales” son parte viva y práctica del proceso de desarrollo de la sociedad, que nos involucra pasiva o activamente, en mayor o menor medida, de uno u otro modo, con o sin consciencia de ello.

Las “Humanidades Digitales” no son una oscura materia de estudio destinada a élites específicamente formadas e informadas al respecto. Son expresiones,  diversas y en constante cambio, de la riqueza de la filosofía, del arte, de la historia, de las letras y de otras manifestaciones del pensamiento y de  la creatividad humana puestos en acto  y disponibles de manera cada vez más accesible para todos.

“Humanidades Digitales” al alcance de todos. Un camino a recorrer desde lo individual y colectivo en la sociedad del conocimiento.



Bibliografía y fuentes:

Boudieu, Pierre. Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona, España, 2007.

Fainholc, Beatriz. Lectura crítica en Internet – Análisis y utilización de recursos tecnológicos en educación, Homo Sapiens, Rosario, Argentina, 2004.

Monjeau, Federico.En: Términos críticos de la sociología de la cultura. Entrada “Sociología de la música”, Paidós, Buenos Aires, Argentina, 2008.

Padula Perkins, Jorge Eduardo . Una introducción a la educación a distancia (nueva edición aumentada y actualizada), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, Argentina, 2008.Fondo de Cultura Económica.

Padula Perkins, Jorge Eduardo . Aproximaciones a la gestión cultural, TREA, Gijón, España, 2015.

Padula Perkins, Jorge Eduardo. Las TIC como mediadoras de la relación creativa entre autor y compositor de canciones: una mirada descriptiva y empírica. Revista Letralia. Tierra de letras. En línea .  http://letralia.com/articulos-y-reportajes/2016/07/28/las-tic-como-mediadoras-de-la-relacion-creativa-entre-autor-y-compositor-de-canciones-una-mirada-descriptiva-y-empirica/ (Consulta: 28-07-2016)

Piscitelli, Alejandro. ¿Cómo definir a las Humanidades Digitales? ¿O no definirlas? Cátedra Datos. En línea.   http://catedradatos.com.ar/2013/09/como-definir-a-las-humanidades-digitales-o-no-definirlas/   (Consulta: 22-07-2016)

Tedesco, Juan Carlos. Educar en la sociedad del conocimiento, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.

Enciclopedia Básica Danae, Danae, España, 1973 – voz: Humanidades

Argentina Virtual http://argentinavirtual.educ.ar/localhost/index.html (Consulta: 22-07-2016)

“Manifeste des Digital humanities” (2010). En línea. THATCamp http://tcp.hypotheses.org/487 (Consulta: 22-07-2016)

“La realidad de las Humanidades Digitales en España y América Latina” (2015). 

Monográfico Nº 1. Revista ArtyHum, Vigo, ArtyHum. En línea. https://artyhum.com/descargas/monograficos/MONOGR%C3%81FICO%20HD.pdf (Consulta: 03-04-2016)

Definición http://definicion.de/digital/  . En línea (Consulta: 22-07-2016)



Biblioteca Apostólica Vaticana.  http://digi.vatlib.it/view/MSS_Vat.lat.3225  En línea (Consulta: 26-07-2016)



Revista “Letralia. Tierra de letras” (Cagua, Aragua, Venezuela) http://letralia.com/

Revista “Ensayos Académicos” (Bahia Blanca, Buenos Aires, Argentina) 

Revista “ArtyHum” (Vigo, Pontevedra, España) https://www.artyhum.com/





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viernes, 4 de septiembre de 2015

Desde la historia, una ventana a la gestión cultural.



Entre las ciencias sociales, la historia es una de las más relacionadas con la generación de producciones destinadas a su exposición pública. Desde la presentación de un libro hasta un museo en su plenitud (pasando por expresiones teatrales, musicales, cinematográficas y de diversa índole, con enfoques históricos), requieren de organización, administración, producción y/o gestión de alguna naturaleza y medida.

Es por ello que, si bien “Periodismo de ayer” es un blog manifiestamente destinado a la difusión de ensayos y artículos relacionados con periodistas y medios gráficos del pasado, cabe hacerse eco de la reciente publicación del libro “Aproximaciones a la gestión cultural”, obra del periodista Jorge Eduardo Padula Perkins, autor y desarrollador de los contenidos de este blog.

Gestión y política, intelectuales, gestores y militantes, economía, derecho, contracultura, gestión de lo alternativo, la cultura no demandada, son algunas de las cuestiones sobre las cuales el autor propone reflexión y análisis.

Publicada por la editorial asturiana TREA (Gijón, España), esta obra es un trabajo introductorio y provocador que describe y caracteriza a su objeto de análisis al tiempo que lo pone en tela de juicio sin pudores profesionales.

lunes, 29 de septiembre de 2014

En el 55º aniversario de la Biblioteca Popular Pedro Goyena...


...se publica una nota sobre la obra de aquel periodista católico.


El diario local "Perspectiva Sur", en su edición del lunes 29 de septiembre de 2014 ofrece a sus lectores el artículo titulado "Pedro Goyena y la prensa católica de su época", que lleva la firma del periodista Jorge E. Padula Perkins.

Lo hace en relación directa con el 55º aniversario de la creación de la "Biblioteca Popular Pedro Goyena" de la ciudad de Quilmes (de la cual Padula Perkins es socio honorario).

Entre otras consideraciones, la nota (que puede leerse completa en este mismo blog) dice: 

Groussac lo describe como de “una fisonomía simpática, risueña a la par que pensativa: ojos pequeños, vivísimos, que vibraban por entre la orla negra de las pobladas pestañas una mirada penetrante; boca abultada de orador elocuente o decidor festivo; barba de misionero joven que afinaba un tanto el pálido perfil” y lo caracteriza por su “cordialidad expansiva, su alegre franqueza y su inalterable buen humor, su rápida asimilación intelectual y ese coger al vuelo el pensamiento ajeno a medio elaborar, con una presteza casi adivinatoria”.

De esta manera "Perspectiva Sur" ha querido no solo destacar la noble tarea de educación y divulgación de la cultura y el saber que, durante más de medio siglo ha venido desarrollando esta biblioteca popular, sino también algunas de las características éticas e intelectuales del periodista, escritor y político cuyo nombre lleva con orgullo.

Al margen de su cosmovisión, con la que puede coincidirse o no, lo que destaca a Pedro Goyena es la calidad de su labor con la pluma y su honestidad intelectual. Así lo sintetiza de algún modo el final del artículo cuando afirma:

Goyena murió económicamente pobre, en 1892 en el barrio de Flores, donde había vivido. Más se equivocó Paul Groussac, cuando a poco tiempo de aquella desaparición física pensaba que las jóvenes generaciones lo olvidarían. En el siglo XXI la figura de Pedro Goyena tiene su lugar en la historia de las ideas, razón por la cual no ha sido total su muerte y puede coronarse su existencia con la frase del poeta Horacio que Groussac estimara inalcanzable: Non ovnis moriar.


sábado, 17 de noviembre de 2012

La botadura de la Fragata Libertad. Antes y después de la noticia.


Por Jorge Eduardo Padula Perkins

“En una lucida ceremonia que presidió el presidente provisional, general Pedro Eugenio Aramburu, se procedió esta mañana a la botadura del velero – escuela “Libertad” de la Marina de Guerra.”, reza el primer párrafo de la noticia publicada el miércoles 30 de mayo de 1956 por el diario “El Litoral” de Santa Fe (Año XXXVIII – Nº 11.986).
 
Se trataba de un tradicional periódico de ocho páginas, con redacción y administración en la calle San Martín 2651 de la mencionada ciudad, en la provincia argentina homónima, fundado en 1918.

En su primera plana de la fecha citada, y en destacada ubicación, en el espacio superior izquierdo, por donde se comienza la lectura, la edición del penúltimo día de mayo de 1956, titulaba “FUÉ BOTADA LA FRAGATA ‘LIBERTAD’”.

En base a un cable atribuido a la agencia UP, con origen en Río Santiago (Buenos Aires), el medio daba cuenta de que “El presidente de la Nación llegó minutos antes de las 10 en compañía del ministro de Marina y fue recibido por el contralmirante Isaac Rojas y autoridades nacionales y provinciales. A su llegada fue saludado con una salva de artillería de 21 cañonazos.”

“Luego –continúa el texto periodístico- …se trasladó al palco principal instalado en el extremo posterior de la grada que rodea el casco del velero, ejecutándose en ese momento el Himno Nacional. Luego el contralmirante Teodoro Hartung pronunció breves palabras, tras lo cual la esposa del presidente de la República Sra. Sara Herrera …madrina de la botadura, procedió al bautismo de la nave.”

Por decreto Nº 7.922, del 27 de abril de 1956, se le impuso el nombre de "Libertad" a la embarcación destinada a ser buque-escuela de la Marina.

La construcción de la misma se había iniciado unos años antes en AFNE (Astilleros y Fábricas Navales del Estado), empresa estatal fundada por Decreto Nº 10.627 del Poder Ejecutivo, en junio de 1953, con sede en Río Santiago. 

Más precisamente, los trabajos comenzaron el 11 de diciembre de 1953, durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, quien colocó en la ocasión el primer remache del que sería el buque escuela de la entonces Marina de Guerra argentina. (una fotografía cuyo origen no ha podido ser determinado con claridad, se atribuye a ese momento y muestra a Perón, martillo en mano y rodeado de algunos uniformados que se perciben como marinos).

Paradójicamente, al sucesor presidencial de Perón tras el golpe de estado que produjo su derrocamiento en 1955, también se le atribuiría un gesto inaugural semejante. De ese modo lo asevera la nota de El Litoral: “Después de esta ceremonia el general Aramburu colocó el primer remache de una embarcación fluvial que se construirá en esta misma grada por encargo del Ministerio de Transportes.”

“Finalizado este acto –continúa relatando el artículo periodístico- el jefe de los astilleros entregó al general Aramburu un artístico martillo con su correspondiente cofre.”, y concluye informando que “Posteriormente el general Aramburu, el contralmirante Rojas, el interventor de la provincia de Buenos Aires contralmirante Hartung y demás autoridades que asistieron a la ceremonia, se dirigieron a la Casa de Gobierno donde fue servido un almuerzo”.

Para 1961, estando todavía la nave en construcción, fue designado comandante de la misma el Capitán de Fragata Atilio Porreti, conocedor, entre otras cosas, de la navegación a vela y llamado a tener un rol activo en esta última face de preparación del buque y selección y capacitación de sus tripulantes, puestos a prueba al año siguiente en que se produjo la primera zarpada. Tras sortear con holgura no solo la navegación sino un bautismo de mar enfrentando una tempestad, la fragata regresó a Río Santiago el 10 de noviembre de 1962 y justo un mes más tarde zarpó rumbo a la Base Naval de Puerto Belgrano, en donde recibió el pabellón nacional y comenzaron los preparativos para el primer viaje de instrucción que partió en mayo de 1963.

Había transcurrido una década desde aquel embrionario año 1953 en que comenzara su historia.

Fuentes:






http://www.astillero.gba.gov.ar/ [Consulta: 04-NOV-2012]




domingo, 9 de octubre de 2011

El periodista José Hernández


Si bien este trabajo ha sido ya publicado en el blog, se ofrece ahora en esta nueva presentación de libro on line, accesible para lectura, descarga e impresión.











lunes, 28 de marzo de 2011

“Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”. Trazos biográficos sobre Luis Clur.

por Jorge Eduardo Padula Perkins

Muchos lo recordarán por sus últimas alocuciones, prolongadas, contundentes, ineludibles, en las reiteradas ocasiones en que ha subido al escenario con todo su equipo de Telenoche (canal 13) para recibir el premio Martín Fierro.

Algunos sabrán del rol fundacional que le cupo en el Reporter Esso, en la revista Siete Días o en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Pocos tal vez, tengan la imagen del Luis Clur adolescente, del chico de 14 años sumergido en el trajín de la ya desaparecida agencia ANDI, en la que hizo sus primeros pasos en la profesión que habría de transitar por casi siete décadas.

“Me hice en las redacciones –diría en alguna ocasión- el periodismo es lo único que hice en mi vida. No conozco otra actividad”.

Autodidacta, lector incansable y precoz alumno de la escuela del quehacer frente a la máquina de escribir, nació el 2 de agosto de 1922.

En el florecer de su actividad, en los años ´30, habría de tener, entre otras responsabilidades, las de informar sobre los infaustos suicidios de Leopoldo Lugones y de Lisandro de la Torre.

Ya en 1945, Luis Clur sería uno de los fundadores de la Agencia Telenoticiosa Americana, origen de Télam, cuya denominación original se debía al carácter de servicio de notas por corresponsalía en distintos países del continente.

Nacida el 14 de abril de 1945, la agencia de capitales privados y estatales comenzó a funcionar en 25 de mayo 140 de la ciudad de Buenos Aires bajo la dirección de Gerónimo Jutronich y a cargo de una decena de periodistas, algunos de los cuales, como en el caso de Clur, provenían del plantel de la agencia ANDI.

El 17 de octubre de ese mismo año, le tocaría a Luis Clur, ser quien cubriera para ANDI el multitudinario movimiento social que reclamaba la liberación de Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García.

Al año siguiente, 1946, Clur pasa a integrar el staff de la agencia United Press International (UPI). Actúa en ella como periodista acreditado en Casa de Gobierno y Cancillería, y su vinculación al entonces titular de relaciones exteriores, Jerónimo Remorino, le permitió tener la confirmación de la muerte de Eva Duarte de Perón con anticipación al anuncio oficial y, por lo tanto, la primicia informativa del 26 de julio de 1952 con una anticipación de dos horas en relación con los otros medios.

Al respecto, otras fuentes ponen la primicia en el hallazgo de la información en un cesto de papeles ubicado en una dependencia de la Casa Rosada. De uno u otro modo, el caso es que la primicia para UPI la consigue Clur, quien, hacia 1996, sostenía que la muerte de Eva no había sido a las 20.25 como ha quedado registrado, sino a las seis de la tarde, hora en que la United Press International ya tenía la primicia, cuando “la gente todavía estaba rezando por ella frente a la residencia presidencial”.

Ese mismo año, Luis Clur ingresó al diario Clarín con carácter de redactor. Años más tarde alcanzaría en ese medio el cargo de secretario general de redacción.

Con la conducción de Moisés Schebor Jacoby y Luis Clur, la redacción de Clarín amalgama, hacia 1957 a periodistas consagrados, muchos de ellos provenientes del diario Crítica y a elementos jóvenes como lo eran por entonces Esteban Peicovich, Roberto Cossa o Rodolfo Rabanal.

Durante su extensa y prolífica carrera periodística, Clur tuvo ocasión de hacer importantes reportajes a personalidades tales como Ernesto “Che” Guevara, Juan Domingo Perón y John Fitzgerald Kennedy, este último realizado poco tiempo antes de su trágica muerte.

En 1962, Luis Clur firma con otros periodistas como Francisco Rizzuto, Virgilio Albanese, Alberto Gainza Paz y Roberto Romero, la que resultaría el acta fundacional de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que proponía entre sus objetivos la afirmación de la tradición espiritual del periodismo argentino, el seguimiento de normas éticas, la defensa de la libertad de expresión, el desarrollo técnico y cultural de la prensa y la vinculación estrecha entre todos los hombres de prensa de la República.

Ese mismo año, Luis Clur era distinguido con el premio KRAFT al periodismo y en el siguiente obtenía una beca otorgada por la American Press Institute, en la Universidad de Columbia.

Mil novecientos sesenta y tres habría de ser un año clave en la carrera profesional de Luis Clur: Dejando la secretaría general de Clarín, ingresa de pleno en la televisión.

El 11 de marzo de ese año, a las 23 horas, se emite el primer noticiero de la televisión privada que marca una tendencia estética en el género: El Reporter Esso.

Con información provista principalmente por la United Press International, agencia por la que Clur había transitado con éxito, el auspicio empresarial de la petrolera que le daba su nombre y la participación de la agencia de publicidad McCann Ericson, se trataba de un informativo de quince minutos de duración conducido por Armando Repetto, un correcto y circunspecto estudiante de medicina que se había dedicado a la locución.

Para su puesta en el aire, al mando de Luis Clur trabajaba un equipo de treinta personas, entre periodistas, camarógrafos y técnicos, que en un principio utilizaba cámaras mudas con la voz en off del conductor y posteriormente incorporaría sonido directo y la proyección de imágenes en movimiento por detrás de aquel.

Ganándose un espacio en un ambiente dominado por la prensa gráfica y radial, El Reporter Esso obtendría en poco tiempo un alto grado de credibilidad y reconocimiento, tanto del público como del propio medio periodístico, lo que sin duda era mérito de la capacidad y la audacia que Clur ponía en el proyecto.

Por este programa, Clur se hace acreedor, en 1965, de un premio otorgado por el semanario Esquiú.

A lo largo de su vida profesional habría de recibir también los premios Bunge y Born y de la Liga de Madres de Familia por la labor periodística, reiterados reconocimientos del Circulo de la Prensa, Diploma al Mérito en Dirección Periodística de la Fundación Konex en 1987, Premio Konex de Platino a la Producción periodística audiovisual diez años más tarde y 18 premios Martín Fierro por su responsabilidad en las áreas informativas de los canales 11 y 13.

Entre sus múltiples actividades fue también miembro de la Real Academia de Periodismo, responsable del área de noticias de Canal 11 de televisión y fundador de la revista Siete Días, de Editorial Abril (que hasta entonces se distribuía como suplemento del diario La Razón de los martes), aparecida en los quioscos el 16 de mayo de 1967.

En 1973 ingresó como jefe de redacción del diario La Opinión, donde se desempeñó hasta 1978. De su paso por este medio Clur recordaría el clima de inseguridad, varios atentados sufridos en la redacción del barrio de Barracas y una huida de la ciudad junto a Jacobo Timerman y otros compañeros en ocasión de haber sido advertidos de que un comando allanaría la sede del diario.

Caracterizado por la presencia del juicio y el análisis de los periodistas mediante un tratamiento profundo de los temas abordados, el diario, un tabloide sin fotografías, se convertiría en blanco de las miradas desconfiadas del gobierno de facto iniciado en 1976. Su director propietario fue expulsado del país y la empresa puesta al mando de una intervención militar, que, según lo relatara el propio Luis Clur en 1996, llegó a pedirle la renuncia con un arma sobre el escritorio, hecho que habría sido oportunamente denunciado tanto ante la justicia como ante otros medios de prensa.

Según algunas fuentes, Clur habría participado activamente en la redacción del diario La Tarde, que bajo la dirección de Héctor Timerman, comenzó a publicarse en Buenos Aires en marzo de 1976, como instrumento periodístico de apoyo al gobierno militar.

Posteriormente ingresó en el diario La Nación, en donde dirigió la entonces sección de Noticias Locales y Gran Buenos Aires y la de Cables del Exterior.

En los años ochenta, tras un corto paso por el área de noticias de canal 9, Luis Clur se vinculó con Telenoche, el informativo de canal 13 que pasaría a ser uno de sus productos más destacados y le significaría la obtención de diez de los dieciocho premios recibidos de parte de APTRA.

En 1991 fue públicamente acusado por la periodista Liliana López Foresi como responsable de la censura impuesta a un programa televisivo que por entonces ella conducía, en el cual, en virtud de una especie de acuerdo de “no agresión” entre el entonces presidente Carlos Menem y el Grupo Clarín, le fue vedado emitir opinión.

Paradójicamente, en mayo de 1996 y en su condición de director de Telenoche, respondía a acusaciones de Carlos Menem que sindicaban como “vendepatrias” a los responsables de una nota que mostraba con crudeza inusitada parte de la realidad social: “Nosotros sólo hablamos con la imagen”.

"Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”, supo aseverar Clur, con agudeza profesional y claridad anticipatoria, en los albores de un proceso globalizador que ubica a la comunicación social en el rol de inobjetable fiscal, capaz de poner en jaque, por acción o reacción, a individuos, grupos o regímenes de cualquier especie que avasallen los derechos humanos o la libertad.

En junio del año 2004, cuando se aprestaba al cierre de la última edición de su existencia, no es difícil imaginar a Luis Clur generando, en lo profundo de su mente, y a pesar de estar retirado de la actividad y enfermo, nuevas formas de gestionar la comunicación periodística: Un objetivo constante de su vida.

Con aciertos, contradicciones y errores, su extensa trayectoria en los medios de comunicación, torna a Luis Clur en un actor que amerita ser considerado en el contexto de la historia del periodismo.

Bibliografía y fuentes:

- Hermida, L. M. y Satas, V. (1999): TV manía. Programas inolvidables de la televisión argentina. Sudamericana. Buenos Aires.

- Ulanovsky, Carlos (1997): Paren las rotativas. Una historia de grandes diarios, revistas y periodistas argentinos. Espasa. Buenos Aires.

- Ulanovsky, C; Itkin, S. y Sirvén, P. (1999): Estamos en el aire. Una historia de la televisión en la Argentina. Planeta. Buenos Aires.

- Diario La Nación, Buenos Aires, 14 de mayo de 1996 / 13 de junio de 2004.

- Diario Página 12, Buenos Aires,14 de mayo de 1996.

- Diario Crónica, Buenos Aires, 13 de junio de 2004.



http://www.lanacion.com.ar/ Consulta: 29-06-04













miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pedro Goyena y la prensa católica de su época.

Por Jorge Eduardo Padula Perkins

“Perdonémosle los libros que no escribió para el futuro, porque de escribirlos hubiese conversado menos con sus contemporáneos. Para él no existía interlocutor mediocre; todo joven era una imagen del poeta Virgilio; caían a manos llenas sobre su mente los lirios de su palabra…”, ha expresado Ángel de Estrada (h) al referirse a Pedro Goyena.

La oratoria y la prosa escrita de Goyena, han sido ricas con tanta claridad como han marchado, como alguna vez aseverara el diario “El Nacional” de Buenos Aires, indubitablemente orientadas por su fe.

Integrante activo de la trascendente “Generación del ‘80”, estaba, dentro del abanico ideológico que la caracterizaba, claramente enrolado en el subgrupo de la militancia católica que exacerbaría su elocuencia en la resistencia al liberalismo en general y en particular en temas clave como las leyes de matrimonio civil y educación laica que se percibían como amenazas a la hegemonía del catolicismo en la sociedad argentina de entonces.

Groussac lo describe como de “una fisonomía simpática, risueña a la par que pensativa: ojos pequeños, vivísimos, que vibraban por entre la orla negra de las pobladas pestañas una mirada penetrante; boca abultada de orador elocuente o decidor festivo; barba de misionero joven que afinaba un tanto el pálido perfil” y lo caracteriza por su “cordialidad expansiva, su alegre franqueza y su inalterable buen humor, su rápida asimilación intelectual y ese coger al vuelo el pensamiento ajeno a medio elaborar, con una presteza casi adivinatoria”.

Algunas fuentes ubican a Pedro Goyena colaborando con el diario “La Prensa” y el periódico “El parlamento”. Todas coinciden en aseverar su participación en “Nación Argentina” y “El Nacional”.

Pero sin duda alguna, la labor encarada en la “Revista Argentina” y el periódico “La Unión” se ha correspondido con el período más prolífico de su actividad en los medios.

Hijo de Pedro Regalado Goyena y Emilia del Río Pedriel, este hombre que se constituiría en una pluma al servicio de la causa católica, nacía el 24 de julio de 1843 en Buenos Aires. Cursó los estudios primarios en la escuela particular de Juan Andrés de la Peña e hizo los de nivel secundario en el Departamento Preparatorio de la ciudad.

Estudiante de leyes, no había terminado aun su carrera cuando, en mérito a su capacidad, fue designado profesor de filosofía en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A partir de esa incursión en la docencia, sería más tarde profesor de Derecho Romano de la Universidad de Buenos Aires.

La política.

En su actividad política fue diputado provincial en dos ocasiones (1865-1867, 1870-1872), miembro de la Convención Constituyente de 1870, senador (1877-1878) y diputado nacional en tres períodos (1873-1874, 1880-1884, 1886-1890). También tuvo los cargos de director del Banco de la Provincia de Buenos Aires y Defensor de Pobres.

En 1884 fue uno de los fundadores de la Unión Católica, partido político surgido de un congreso que el catolicismo realizara en Buenos Aires en agosto y septiembre de aquel año, en el que participara también José Manuel Estrada. La Democracia Cristiana incluye en su historia a esta agrupación y a sus integrantes.

Singularmente, Pedro Goyena es también un referente fundacional de otro partido, la Unión Cívica de la Juventud, originada en un mitin del 13 de abril de 1890 que albergó a líderes de distintas tendencias opuestas al régimen de Miguel Juárez Celman, tales como Goyena y José Manuel Estrada, Barroetaveña, Del Valle, Bernardo de Irigoyen, Juan B. Justo, Lisandro de la Torre y el para entonces ex presidente de la República Bartolomé Mitre. La Unión Cívica Radical, también cuenta por lo tanto, en su raíz histórica, con la figura de Pedro Goyena.

Periodismo y letras.

Volviendo a la fecunda pluma de Goyena es dable destacar que no se limitó a la argumentación política, sino que lo mostró como hábil crítico literario, ensayista y biógrafo. Al respecto uno de sus trabajos más conocidos es el “Estudio sobre Félix Frías”.

“Nuestros hombres de letras han tenido y tienen más admiradores que lectores; y mientras el público en vez de estudiar las obras de los autores nacionales, se limite a recordarles con cierta estimación no propenderá entre nosotros la literatura”, ha afirmado en un texto que, si bien versa sobre José Manuel Estrada, se proyecta, como puede apreciarse claramente, sobre la totalidad del entorno sociocultural.

“Algo más que un respeto poco concienzudo buscan los que se dedican a la carrera literaria. Necesitan vivir, y por lo mismo encontrar en la producción intelectual lo que llaman los economistas un beneficio”, asevera con contundencia en la misma ocasión, a propósito de que los escritores contemporáneos, dice “no hallan honra ni provecho; porque no es honra uno que otro elogio de la prensa, desacreditado a causa de la prodigalidad con que se le concede; y en cuanto a provecho, basta decir que el general Mitre tuvo que vender su libro sobre Belgrano, por la cantidad de quince mil pesos, honorario frecuente de cualquier abogado en un asunto común”.

“El Nacional”, fundado el primero de mayo de l852 bajo la dirección de Dalmacio Vélez Sarsfield, fue una de las publicaciones que difundió sus escritos. Era un periódico de gran tamaño en cuyos talleres trabajaron hombres que luego dejarían huella en la historia de la prensa, tales como Eudoro Carrasco y Ovidio Lagos, quienes más tarde fundarían el diario “La Capital” de Rosario.

El 15 de septiembre de 1862 apareció por primera vez el diario “Nación Argentina” popularmente conocido como “La Nación Argentina”, cuyo redactor en jefe era José María Gutiérrez, quien se había desempeñado como secretario militar de Mitre durante la campaña de Pavón.
Habría de colaborar Goyena en esta publicación destinada, según su propia presentación, “a robustecer el vínculo de la nacionalidad argentina propendiendo a que no se malogren los sacrificios de medio siglo, ni la oportunidad suprema de afianzar las instituciones, la paz y la prosperidad de la República”, en la que también se difundirían temas históricos y literarios.

La “Revista Argentina”.

“Instaurare omnia in Christo”, el mandato de San Pablo de abarcar al mundo y a las cosas con el espíritu de Jesús, fue el lema de la “Revista Argentina”, que en 1868 vio la luz por primera vez, dirigida por José Manuel Estrada con la estrecha colaboración de Pedro Goyena, y cuya primer etapa de existencia se prolongó hasta 1872. Más tarde volvería a aparecer en el período 1880-1882.

Si bien se trataba de una publicación manifiestamente confesional, estaría abierta a plumas de muy diversos pensamientos que trataron allí, con altura académica y lingüística, cuestiones de política, economía, historia, ciencias, educación, filosofía, arte y literatura, por caso, Aristóbulo del Valle, David Lewis, Eduardo Wilde, Lucio Mansilla, Carlos Guido, Miguel y Pedro Goyena.

De hecho, la prensa católica no limitaba su existencia a la disputa ideológica con el liberalismo, sino cumplía otros roles comunicacionales y culturales en un contexto social que reclamaba y hacía uso de tales publicaciones. Servía para difundir valores literarios y artísticos, mediaba en la convocatoria a los festejos, informaba sobre la creación de nuevas parroquias, el nombramiento de sacerdotes y otras decisiones del gobierno eclesiástico y constituía un canal de comunicación entre los feligreses y las estructuras de autoridad religiosa.

En 1869, la “Revista Argentina” publicaba una profusa crítica sobre Ricardo Gutiérrez construida por Pedro Goyena, quien, entre otras cosas dice que “la poesía de Gutiérrez es, en realidad, como un cielo cubierto de nubles sombrías, donde brillan a veces los fulgores de una esperanza que se extingue rápidamente, haciendo todavía más oscura la región que iluminó”.

“La Unión”.

Junto con Emilio Lamarca, José Manuel Estrada, Navarro Viola y Tristán Achával Rodríguez, Goyena pone en marcha, el 1 de agosto de 1882, el periódico “La Unión”, con la intención de competir no solo doctrinariamente, sino en la captación de lectores.

“Este diario de propósitos pacíficos como su título lo indica, será tal vez un diario de combate. Su nombre es un llamamiento, una divisa y un programa” señalaba una de sus columnas editoriales, y agregaba que “el grupo de ciudadanos que ha fundado este diario, no tiene ambiciones ni rencores; no pretenden gobernar ni estorbar al gobierno; respeta la ley y las autoridades creadas por la ley, como representantes según el orden de derecho, de la autoridad excelsa en que tienen origen los poderes legítimos”. Asimismo, acentuaba su condición católica y señalaba su posición contraria a los avances del liberalismo. En ese sentido no eludiría los debates con otras publicaciones de entonces, como el “Sud América” que dirigía su amigo personal y oponente ideológico Paul Groussac.

No era extraña la presencia de un periódico confesional, dado que en esos tiempos se daba un florecimiento claro de la prensa católica, en especial en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que acompañaba la expansión económica y territorial y a las grandes masas inmigratorias que poblaban tales regiones. “La América del Sud”, “La Voz de la Iglesia” y “El Pueblo” eran, junto a “La Unión”, medios de cierta envergadura asociados ideológica y dogmáticamente al catolicismo. Paralelamente, los pueblos del interior veían también nacer periódicos locales vinculados a las parroquias.

Amén de las dotadas plumas de sus realizadores, “La Unión” contaba con un entramado de colaboradores, que suplía de alguna manera la falta de corresponsales profesionales. Al respecto el mismo diario señalaba, con elocuente ironía, que tales contribuyentes podían distribuirse en tres categorías, a saber “el colaborador anónimo, murmurador, maledicente….que tiene siempre una denuncia en el bolsillo; el colaborador noticioso, cronista por carambola…; el colaborador solemne, con grandes aires de literato…”.

En cuanto a su distribución, se hacía por suscripción, contando con un promedio de 1.500 adherentes. Esa aceptación le permitió funcionar con imprenta propia, en el mismo predio donde tenían su estudio Goyena y Nevares.

Como los otros medios católicos, “La Unión” no tenía dependencia directa del episcopado, razón por la cual hacía también, como se dijo, las veces de mediador entre la feligresía y las autoridades del clero. “Va a hacer un año que Suipacha se halla desprovista de cura titular”, indica una nota aparecida en sus páginas el 25 de septiembre de 1886, agregando que “muchas familias que no quieren tener sus hijos sin bautizar se costean hasta Mercedes”, apostrofando : “No pidamos después a los pueblos de la campaña que cumplan con los deberes religiosos si faltan quienes deben darles el ejemplo”.

Goyena murió económicamente pobre, en 1892 en el barrio de Flores, donde había vivido. Más se equivocó Paul Groussac, cuando a poco tiempo de aquella desaparición física pensaba que las jóvenes generaciones lo olvidarían. En el siglo XXI la figura de Pedro Goyena tiene su lugar en la historia de las ideas, razón por la cual no ha sido total su muerte y puede coronarse su existencia con la frase del poeta Horacio que Groussac estimara inalcanzable: Non ovnis moriar.

Bibliografía y fuentes:

- Bruno, Cayetano (1988): Creo en la vida eterna. El ocaso cristiano de los próceres 1. Didascalia. Rosario.
- De Marco, Miguel Ángel (2006): Historia del periodismo argentino: desde los orígenes hasta el centenario de Mayo. EDUCA. Buenos Aires.
- Espósito Fabio (2003): Lectores y lecturas en el Ochenta. En Orbis Tertius, 2002-2003, VIII (9). En línea: http://www.orbistertius.unlp.edu.ar/numeros/orbis-tertius-9/articulos/02-esposito.pdf [Consulta: 23-AGO-2010]
- Groussac, Paul (1980): Los que pasaban. Selección. Colección Capítulo. CEAL. Buenos Aires.
- Miranda, Lidia (2006): La prensa católica y sus lectores en la Argentina , 1880-1920. En “Tiempos de América”, Nº 13, pp. 59-71. En línea: www.raco.cat/index.php/TiemposAmerica/article/viewFile/105682/163944 [Consulta: 23-AGO-2010]
- Prieto, Adolfo (1980): Historia de la literatura argentina. Tomo I. CEAL. Buenos Aires.
- Ravina, Aurora –Directora general- (sin fecha): Historia de la literatura argentina. Fascículo 21, La literatura de la generación del ’80 V. Colegio Nacional de Buenos Aires, Página 12. Buenos Aires.
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- http://www.buenosaires.gov.ar/areas/ciudad/historico/calendario/destacado.php?menu_id=23203&ide=87 [Consulta: 24-AGO-2010]
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- http://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_C%C3%ADvica_Radical [Consulta: 24-AGO-2010]
- http://es.wikisource.org/wiki/Non_omnis_moriar [Consulta: 25-AGO-2010]
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* Trabajo originalmente publicado en la revista "Ensayos Académicos" del Instituto Superior Pedro Goyena de la ciudad de Bahia Blanca, Buenos Aires, Argentina, Año X, número 1, noviembre de 2010.
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