Mostrando entradas con la etiqueta revista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revista. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de septiembre de 2021

Los valesanos tras la esperanza americana. De Suiza a la Confederación Argentina.


En noviembre de 1993, la revista “Todo es Historia”, en su número 316 (páginas 82 a 85), publicó bajo este título un trabajo firmado por Jorge E. Padula Perkins sobre los primeros inmigrantes del cantón suizo de Valais que llegaron a la, por entonces, Confederación Argentina.

Más recientemente (agosto 2021) la misma nota fue incluida en el reconocido portal “Apellidos Italianos. Genealogía Italiana en Español…y más”, administrado y dirigido por Analía Montórfano.

Rescatamos para “Periodismo de ayer” este artículo inserto (28 años atrás) en una de las más importantes revistas de divulgación histórica de la Argentina.

Los valesanos tras la esperanza americana.

De Suiza a la Confederación Argentina.


Por: Lic. Jorge Eduardo Padula Perkins.

 

“Prèparòns-nous, chers amis du voyage,

Le jour du dèpart est enfin arrivé.

Disons adieu aux amis du village ;

Pour I Amèrique il faut nous embarquer.”

 

De este modo, en 1857 el campesino Jean Rudaz cantaba al momento de abandonar su pueblo de Vex en el cantón suizo de Valais. Preparémonos compañeros de aventura –decía en la lengua francesa propia del bajo Valais- el día de partir finalmente ha llegado. Digamos adiós a nuestra querida comuna; rumbo a América saldremos embarcados[1]

Es que América, y en particular la Confederación Argentina, ofrecía para entonces una perspectiva amplia de esperanzas, de vida digna para el agricultor, en tierras fértiles y en un país abierto a “todos los hombres del mundo” (como reza la Constitución Nacional) que quisieran habitar su suelo.

Desde 1848 habían comenzado los problemas en Suiza, sin que el Valais fuese excepción, cuando una ley prohibió a los nacionales servir a países o reinos extranjeros, debido a lo cual gran cantidad de mercenarios se vieron impelidos a regresar a sus pueblos, sin trabajo ni recursos.

Hacia 1850 la miseria se sentía en el cantón debido a ese exceso de población y la falta de tierras, a los que se sumaron inundaciones del río Ródano y frecuentes incendios masivos en sus casas de maderas alineadas al margen de calles estrechas que facilitaban la expansión de las llamas.

Es así como salen del Valais los carros que transportan a las primeras familias que dejan sus pueblos en busca de la promesa americana. Hombres, mujeres y niños junto a baúles, cajas, bultos y herramientas, marchan hacia el puerto francés de Havre. Son todo lo que llevan, llevan todo lo que tienen. Pertenencias y esperanzas se hamacan al compás de la larga travesía.

Las advertencias, aunque contundentes, habían tenido menos fuerza que la ilusión de una vida mejor. Dramáticas alegorías había publicado la prensa local, que no eran suficientes para frenar el impulso emigrador. Así por ejemplo el “Courrier du Valais” del 6 de septiembre de 1855 había señalado que “Si hay en la vida humana una circunstancia solemne es aquella en que el hombre, deseoso de un porvenir mejor, deja los lugares que lo vieron nacer para ir bajo un cielo extraño, en busca de bienes que cree no poder encontrar en su patria”, a lo que se agregaban descarnadas descripciones tales como la de una madre que “cerrando contra su pecho a su reción nacido, le pregunta al fiel compañero de sus hazañas no si ellos mismos sino sus hijos, serán felices en la tierra extraña”[2]

Salieron los Dupraz, los Addy, los Rudaz, los Favre, los Micheloud, los Bonzon, los Thenisch...y muchos otros[3], persiguiendo la esperanza de hallar un lugar en donde ejercer su oficio de agricultores sin las limitaciones de una naturaleza estéril.

Pero esos hombres y mujeres de la tierra debían enfrentar al mar...”Por algún tiempo no veremos ya la tierra” anticipaba la canción de Rudaz, arriesgando inclusive la posibilidad de tener que enfrentarse a tempestades, pero, católicos como eran, confiaban en que Dios dictaría su destino: “Car Dieu lui-même dictera notre sort” y en el poder de una humilde oración.

Ochenta días a bordo de un barco a velas duraría la travesía. Ochenta días y ochenta noches en que las plegarias eran el único consuelo ante el hacinamiento de tantos grupos familiares en lugares oscuros, húmeros y nauseabundos, en donde los alimentos se agotaban y el agua se descomponía. Trescientas cincuenta y una personas del cantón de Valais (algunos de la Alta Saboya y pocos de Piamonte) atravesaban el mar soportando hasta lo insoportable en busca de un mundo mejor.

Llegados al puerto de Buenos Aires, los inmigrantes se encontraron con una nueva y desagradable sorpresa, dado que el contrato de colonización para la formación de centros agrícolas en la provincia de Corrientes en virtud del cual habían viajado estaba vencido.

Fue entonces cuando Carlos Beck, uno de los socios de la empresa europea Beck, Herzog y Compañía, dedicada a la emigración e involucrada en la firma de aquel contrato, decidió actuar en tanto su empresa había puesto en juego ante el gobierno suizo una fianza en resguardo de sus súbditos. Se dirigió para ello al presidente Justo José de Urquiza, y obtuvo su autorización para una instalación colonial en tierras de la provincia de Entre Ríos, mediante el otorgamiento de 20 cuadras de terreno a cada familia, dinero para establecerse y empezar a trabajar y alimentos por un año[4]

El destino inicial de los colonos, que a todo esto esperaban en el puerto de Buenos Aires, serían los campos de Ibicuy. Comenzaba de este modo el segundo tramo del viaje de aquellos inmigrantes, valesanos en su neta mayoría, hacia el destino en el que habían puesto todas sus esperanzas. “Por qué llorar y alimentar la tristeza, cuando todo lo nuestro debemos abandonar?. El mismo Dios nos ha hecho la promesa de reencontrarnos en la Santa Ciudad” seguirían cantando para entonces los sufridos valesanos al retomar la marcha.

A principios de junio de 1857 los colonos desembarcaban en Ibicuy, al sur del departamento de Gualeguay. Pero una creciente del Paraná demostraría pronto que no era ese el lugar más propicio para el asentamiento agrícola. Por orden del general Urquiza, el agrimensor francés Carlos Sourigues, encargado de la delimitación colonial, dispuso entonces el traslado de los colonos a la Calera de Espiro, al norte de Concepción del Uruguay.

La goleta “Rey David” y el patacho “Facio” recibieron entonces a aquellos peregrinos y los trasladaron por el río Uruguay, a cargo del suizo Carlos Marty, representante de Beck y Herzog, para arribar a la Calera de Espiro el 1 de julio. El consumo durante la travesía fue de cerca de 370 kilos de galletas y la carne de dos vacunos.

“Cuéntase –dice Schobinger- que el primero en saltar a tierra fue un componente de las varias familias Delaloye que integraban la expedición”[5]

Sostiene Macchi al respecto que “Para el 28 de junio hallábanse navegando rumbo al punto prefijado, el núcleo de inmigrantes que jugaría un rol de importancia en el movimiento colonizador de Entre Ríos. En esa fecha y a bordo de la goleta “Rey David” su patrón Miguel Palma extiende un recibo por provisión de galleta a los inmigrantes”[6]

Posteriormente los equipajes e implementos agrícolas, que habían quedado al cuidado de 14 colonos, fueron trasladados en los lanchones “Niño Prudente”, “San José”, “La Julia” y otros.

Los colonos se asentaron entonces en cercanías de la costa, en casas improvisadas hasta el momento de la delimitación definitiva de los terrenos que les serían asignados. El agrimensor Sourigues dice en una carta remitida a Urquiza con fecha 2 de julio de 1857 que “los colonos llegaron ayer a este punto” y que “están todos en tierra y se ocupan de hacer sus ranchitos para los primeros días”[7]

Mayores detalles ofrece Peyret, quien señala en relación con el asentamiento que “unos ganaron el galpón donde se depositaba la cal; otros se introdujeron en el horno...improvisaron abrigos debajo de los árboles...formaron carpas con sábanas, amontonando baúles y cajones..”[8]

De este modo, en comunión obligada con la naturaleza, los colonos pasaban sus primeros días en las costas del río Uruguay, donde se halla actualmente la ciudad de Colón. Allí, siguiendo a Peyret, “la caza era abundante en la selva y en el campo donde los avestruces y los venados pastoreaban fraternalmente con las vacas y las yeguas. Los carpinchos y las nutrias pululaban en los arroyos; los patos en las lagunas; las perdices en los pajonales; bandadas de palomas y cotorras oscurecían el cielo, sin contar los tordos, los teruteros, los flamencos, las bandurrias y un sinnúmero de otras aves; de manera que los colonos, todos buenos tiradores, tenían como divertirse y añadir manjares suculentos a la ración de carne que se les distribuíra”[9]

No obstante, un movimiento más les esperaba, ya que, dadas las dificultades que la ribera presentaba para la actividad agrícola por sus características pedregosas, los lotes comenzaron a entregarse desde una legua de la costa hacia el oeste y luego hacia el norte, hasta el arroyo Perucho Verna.

Para el 3 de agosto las tareas de deslinde y amojonamiento de los lotes, que seguirían hasta fines de ese mes, ya ofrecían resultados concretos en tanto que las primeras familias comenzaban a tomar posesión de sus terrenos. El agrimensor Sourigues dejó la zona a fines de agosto de 1857, tras haber delimitado 160 parcelas, aunque no todas serían ocupadas en un primer momento.

Comenzaba entonces la tarea de la construcción, para lo cual era utilizada la piedra y la cal abundante en la región.

Por otra parte, durante el transcurso de aquel mes de julio arribaron al lugar otros contingentes originarios en su gran mayoría del Valais. “Llegaron –asevera Macchi- por lo menos dos expediciones más, una compuesta de 85 personas, el día 15, y la otra de 83, el 17”[10] . De ese modo el número de personas asentadas durante julio de 1857 en la región superó ligeramente las quinientas, grupo al que puede considerarse globalmente como fundador de la colonia, en tanto se completó cuando todavía los primeros inmigrantes arribados al lugar se hallaban provisoriamente alojados en la costa del río Uruguay y el agrimensor Sourigues avanzaba en su tarea de delimitación de los terrenos.

Allí estaban entonces los inmigrantes, con los pies sobre la tierra soñada. En su gran mayoría suizos del Valais, de habla francesa, en un 90% católicos, eran los fundadores de la colonia San José. Los que entonaran al partir las estrofas de la canción de Rudaz, los que la seguían cantureando en suelo entrerriano, como un himno de esperanza y sin imaginar siquiera que, generación tras generación, llegaría hasta nuestros días: “Nous partirons avec bonne espèrancè / Que Dieu là-bas nous préserve du malheur” (partiremos portando la buena esperanza / de que Dios nos preserve de los sinsabores).

Cada familia firmaba un contrato, cuyo texto se presentaba en castellano y en francés, y según el cual recibiría de Urquiza 16 cuadras de terreno, cien pesos que serían entregados a la administración y empleados por ella para comprar por cuenta de la familia y de un mutuo convenio objetos de primera necesidad, así como semillas, cuatro bueyes de labranza, dos caballos, dos vacas lecheras con su cría, madera y leña y la manutención de la familia durante un año desde su llegada a la colonia, a razón de diez libras de carne y tres libras de fariña por día para cinco personas adultas. Como contrapartida, quedaba establecido el plazo de cuatro años para el reembolso del capital y los intereses correspondientes a los citados rubros.

Por otra parte, los colonos tenían la obligación de permanecer en la tierra y trabajarla hasta la cancelación de la deuda y aun después, su venta quedaba condicionada a la predisposición del comprador a continuar desarrollando las tareas de agricultor en ella.

Quedaban de ese modo plantadas las semillas de la colonia San José: Aquellos hombres, mujeres y niños que a través del tiempo y las generaciones habrían de trocarse en raíces profundas y frutos saludables, intrínsecamente dotados de añoranza por su tierra madre y siempre renovadas esperanzas en el germen americano.

La administración, en un principio a cargo del mismo Sourigues, pasó a fines de 1857 a manos de su compatriota Alejo Peyret, quien había arribado al país cinco años antes, en tanto que los inmigrantes velaban por los intereses colectivos mediante el Concejo Municipal. El mismo estaba compuesto por cinco miembros, elegidos por sus pares de entre los colonos, con la capacidad de formular sus puntos de vista y objeciones a la administración y de presentar proyectos destinados al bien común.

No faltó el caso en el que la remembranza y el dolor del desarraigo resultaran insoportables, pero la mayoría enfrentó estoicamente el destino elegido.

No bastó entonces que la langosta y la sequía arruinasen la primera cosecha de maíz para doblegarlos; no fue suficiente que el administrador tuviese que pedir al presidente Urquiza una extensión de la manutención familiar de los agricultores, debido a esa cosecha malograda a tan solo un año de su asentamiento, para quebrar su moral.

Seguían trabajando en el maíz, el trigo, la papa, el algodón, el maní, el tabaco y, finalmente, en los árboles frutales; y sumaron maquinaria a su férrea voluntad y el incentivo financiero y moral del general Urquiza.

Con el devenir de los meses y de los años la colonia iba prosperando. Tanto es así que algunos de sus habitantes no se contentaban con manifestar su entusiasmo en las cartas que enviaban a sus familiares o amigos en Suiza, sino que los inducían a trasladarse al lugar. Estos incentivos, sumados al accionar de las agencias de emigración y del presbítero Lorenzo Cot, que en 1859 viajaba por orden de Urquiza a Suiza para activar la inmigración, y se encontraba inclusive con las autoridades del cantón del Valais, favorecieron el ingreso de nuevos grupos de emigrados suizos, en especial valesanos, al país y a San José en particular.

“Avant de partir dens le nouveau monde, / Buvons ensamble quelques verres de bon vin”, seguirían cantando los vecinos que años antes habían escuchado a Rudaz a la hora de la partida: Antes de partir hacia el nuevo mundo, que el vino llene nuestros vasos vacíos.

A fines de 1859 un grupo de valesanos partió de su tierra acompañando al presbítero Cot. “La primera expedición salió de Burdeos el 20 de septiembre; la componían 28 familias suizas, 3 saboyanas y 3 alemanas; en total, 179 personas. Llegaron el 8 de diciembre a San José”[11]. Otros grupos que llegaron a completar 1500 individuos eran de origen saboyano y piamonteses de apellido francés.

Entre junio de 1860 y octubre de 1861 siguieron ocho olas migratorias considerables[12].

En abril de 1861 comenzó a funcionar la escuela, cuya construcción estuvo a cargo de los mismos colonos. Más tarde se crearía la comisaría y el juzgado de paz (1862) y finalmente la municipalidad, por decreto del 11 de agosto de 1863.

Para entonces y como seis años atrás, aunque con la seguridad de un establecimiento organizado y un lugar que ya se comenzaba a conocer, los valesanos repetirían y enseñarían a sus hijos aquellos versos finales de la canción de Rudaz que hablaban de partir a la aurora y de brindar con el vaso pleno de vino sin dejar caer lágrimas y vivando a los americanos:

 

“Tenons-nous prêts à partir à l’aurore,

Chantons le verre tout plein de bon vin;

Nous I’avons dit, rèpètons-le encore:

Point de chagrin, vive les Amèricains!”




[1] Carron, Alexandre y Chistophe, Nos cousins D’Amerique, Histoire de émigration valaisanne au XIX siécie, tomo I, Editions Monographic S.A., Sierre, Suisse, 1990, p.95.

[2] Ibid., p.19.

[3] Schobinger, Juan, Inmigración y colonización suizas en la República Argentina en el siglo XIX, Instituto de Cultura Suizo-Argentino, publicación N° 1, Buenos Aires, 1957, p.103.

[4] Sobre este punto existen versiones encontradas. Una de ellas referida por Schobinger (ob.cit.) afirma que “tras una primera entrevista fracasada con Urquiza, obtuvo por consejo de Castellanos”, “la mediación del doctor Benjamín Victorica, yerno del general” y que el caudillo, “hasta entonces reacio a dejar invadir su provincia por los gringos, supo comprender que estaba en juego el prestigio del país y el suyo propio”. La otra, sostenida por Macchi (Urquiza colonizador) desde su apologética visión de Urquiza, asegura que no se ha encontrado en el archivo del Palacio San José ninguna referencia sobre la negativa inicial del presidente da la fundación de la colonia. Lo cierto es que Back obtuvo el apoyo necesario.

[5] Ibid., p.101.

[6] Macchi, Manuel E., Urquiza colonizador. La Colonia San José. Fundación de la ciudad de Colón, Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, Palacio San José, Museo y Monumento Nacional “Justo José de Urquiza”, serie III, N° 3, Buenos Aires, 1949, p.47.

[7] Ibid., p.48.

[8] Peyret, Alejo, Una visita a las colonias argentinas, Tomo I, Buenos Aires, 1889, p.10.

[9] Ibid., p.10.

[10] Macchi, Manuel E., Ibid., p.52.

[11] Schobinger, Juan, Ibid., p.107.

[12] En uno de estos contingentes inmigraban varias familias del alto Valais, protestantes de habla alemana, que constituirían una minoría en la colonia San José.

-----------------------------------------------------

* Publicado en la revista “Todo es Historia”, Nº 316 (páginas 82 a 85), Buenos Aires, noviembre de 1993.

 

* Publicado en portal “Apellidos Italianos. Genealogía Italiana en Español…y más”, agosto de 2021. En línea http://apellidositalianos.com.ar/los-valesanos-tras-la-esperanza-americana.html (Consulta: 18-09-2021)

 


lunes, 28 de marzo de 2011

“Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”. Trazos biográficos sobre Luis Clur.

por Jorge Eduardo Padula Perkins

Muchos lo recordarán por sus últimas alocuciones, prolongadas, contundentes, ineludibles, en las reiteradas ocasiones en que ha subido al escenario con todo su equipo de Telenoche (canal 13) para recibir el premio Martín Fierro.

Algunos sabrán del rol fundacional que le cupo en el Reporter Esso, en la revista Siete Días o en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Pocos tal vez, tengan la imagen del Luis Clur adolescente, del chico de 14 años sumergido en el trajín de la ya desaparecida agencia ANDI, en la que hizo sus primeros pasos en la profesión que habría de transitar por casi siete décadas.

“Me hice en las redacciones –diría en alguna ocasión- el periodismo es lo único que hice en mi vida. No conozco otra actividad”.

Autodidacta, lector incansable y precoz alumno de la escuela del quehacer frente a la máquina de escribir, nació el 2 de agosto de 1922.

En el florecer de su actividad, en los años ´30, habría de tener, entre otras responsabilidades, las de informar sobre los infaustos suicidios de Leopoldo Lugones y de Lisandro de la Torre.

Ya en 1945, Luis Clur sería uno de los fundadores de la Agencia Telenoticiosa Americana, origen de Télam, cuya denominación original se debía al carácter de servicio de notas por corresponsalía en distintos países del continente.

Nacida el 14 de abril de 1945, la agencia de capitales privados y estatales comenzó a funcionar en 25 de mayo 140 de la ciudad de Buenos Aires bajo la dirección de Gerónimo Jutronich y a cargo de una decena de periodistas, algunos de los cuales, como en el caso de Clur, provenían del plantel de la agencia ANDI.

El 17 de octubre de ese mismo año, le tocaría a Luis Clur, ser quien cubriera para ANDI el multitudinario movimiento social que reclamaba la liberación de Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García.

Al año siguiente, 1946, Clur pasa a integrar el staff de la agencia United Press International (UPI). Actúa en ella como periodista acreditado en Casa de Gobierno y Cancillería, y su vinculación al entonces titular de relaciones exteriores, Jerónimo Remorino, le permitió tener la confirmación de la muerte de Eva Duarte de Perón con anticipación al anuncio oficial y, por lo tanto, la primicia informativa del 26 de julio de 1952 con una anticipación de dos horas en relación con los otros medios.

Al respecto, otras fuentes ponen la primicia en el hallazgo de la información en un cesto de papeles ubicado en una dependencia de la Casa Rosada. De uno u otro modo, el caso es que la primicia para UPI la consigue Clur, quien, hacia 1996, sostenía que la muerte de Eva no había sido a las 20.25 como ha quedado registrado, sino a las seis de la tarde, hora en que la United Press International ya tenía la primicia, cuando “la gente todavía estaba rezando por ella frente a la residencia presidencial”.

Ese mismo año, Luis Clur ingresó al diario Clarín con carácter de redactor. Años más tarde alcanzaría en ese medio el cargo de secretario general de redacción.

Con la conducción de Moisés Schebor Jacoby y Luis Clur, la redacción de Clarín amalgama, hacia 1957 a periodistas consagrados, muchos de ellos provenientes del diario Crítica y a elementos jóvenes como lo eran por entonces Esteban Peicovich, Roberto Cossa o Rodolfo Rabanal.

Durante su extensa y prolífica carrera periodística, Clur tuvo ocasión de hacer importantes reportajes a personalidades tales como Ernesto “Che” Guevara, Juan Domingo Perón y John Fitzgerald Kennedy, este último realizado poco tiempo antes de su trágica muerte.

En 1962, Luis Clur firma con otros periodistas como Francisco Rizzuto, Virgilio Albanese, Alberto Gainza Paz y Roberto Romero, la que resultaría el acta fundacional de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que proponía entre sus objetivos la afirmación de la tradición espiritual del periodismo argentino, el seguimiento de normas éticas, la defensa de la libertad de expresión, el desarrollo técnico y cultural de la prensa y la vinculación estrecha entre todos los hombres de prensa de la República.

Ese mismo año, Luis Clur era distinguido con el premio KRAFT al periodismo y en el siguiente obtenía una beca otorgada por la American Press Institute, en la Universidad de Columbia.

Mil novecientos sesenta y tres habría de ser un año clave en la carrera profesional de Luis Clur: Dejando la secretaría general de Clarín, ingresa de pleno en la televisión.

El 11 de marzo de ese año, a las 23 horas, se emite el primer noticiero de la televisión privada que marca una tendencia estética en el género: El Reporter Esso.

Con información provista principalmente por la United Press International, agencia por la que Clur había transitado con éxito, el auspicio empresarial de la petrolera que le daba su nombre y la participación de la agencia de publicidad McCann Ericson, se trataba de un informativo de quince minutos de duración conducido por Armando Repetto, un correcto y circunspecto estudiante de medicina que se había dedicado a la locución.

Para su puesta en el aire, al mando de Luis Clur trabajaba un equipo de treinta personas, entre periodistas, camarógrafos y técnicos, que en un principio utilizaba cámaras mudas con la voz en off del conductor y posteriormente incorporaría sonido directo y la proyección de imágenes en movimiento por detrás de aquel.

Ganándose un espacio en un ambiente dominado por la prensa gráfica y radial, El Reporter Esso obtendría en poco tiempo un alto grado de credibilidad y reconocimiento, tanto del público como del propio medio periodístico, lo que sin duda era mérito de la capacidad y la audacia que Clur ponía en el proyecto.

Por este programa, Clur se hace acreedor, en 1965, de un premio otorgado por el semanario Esquiú.

A lo largo de su vida profesional habría de recibir también los premios Bunge y Born y de la Liga de Madres de Familia por la labor periodística, reiterados reconocimientos del Circulo de la Prensa, Diploma al Mérito en Dirección Periodística de la Fundación Konex en 1987, Premio Konex de Platino a la Producción periodística audiovisual diez años más tarde y 18 premios Martín Fierro por su responsabilidad en las áreas informativas de los canales 11 y 13.

Entre sus múltiples actividades fue también miembro de la Real Academia de Periodismo, responsable del área de noticias de Canal 11 de televisión y fundador de la revista Siete Días, de Editorial Abril (que hasta entonces se distribuía como suplemento del diario La Razón de los martes), aparecida en los quioscos el 16 de mayo de 1967.

En 1973 ingresó como jefe de redacción del diario La Opinión, donde se desempeñó hasta 1978. De su paso por este medio Clur recordaría el clima de inseguridad, varios atentados sufridos en la redacción del barrio de Barracas y una huida de la ciudad junto a Jacobo Timerman y otros compañeros en ocasión de haber sido advertidos de que un comando allanaría la sede del diario.

Caracterizado por la presencia del juicio y el análisis de los periodistas mediante un tratamiento profundo de los temas abordados, el diario, un tabloide sin fotografías, se convertiría en blanco de las miradas desconfiadas del gobierno de facto iniciado en 1976. Su director propietario fue expulsado del país y la empresa puesta al mando de una intervención militar, que, según lo relatara el propio Luis Clur en 1996, llegó a pedirle la renuncia con un arma sobre el escritorio, hecho que habría sido oportunamente denunciado tanto ante la justicia como ante otros medios de prensa.

Según algunas fuentes, Clur habría participado activamente en la redacción del diario La Tarde, que bajo la dirección de Héctor Timerman, comenzó a publicarse en Buenos Aires en marzo de 1976, como instrumento periodístico de apoyo al gobierno militar.

Posteriormente ingresó en el diario La Nación, en donde dirigió la entonces sección de Noticias Locales y Gran Buenos Aires y la de Cables del Exterior.

En los años ochenta, tras un corto paso por el área de noticias de canal 9, Luis Clur se vinculó con Telenoche, el informativo de canal 13 que pasaría a ser uno de sus productos más destacados y le significaría la obtención de diez de los dieciocho premios recibidos de parte de APTRA.

En 1991 fue públicamente acusado por la periodista Liliana López Foresi como responsable de la censura impuesta a un programa televisivo que por entonces ella conducía, en el cual, en virtud de una especie de acuerdo de “no agresión” entre el entonces presidente Carlos Menem y el Grupo Clarín, le fue vedado emitir opinión.

Paradójicamente, en mayo de 1996 y en su condición de director de Telenoche, respondía a acusaciones de Carlos Menem que sindicaban como “vendepatrias” a los responsables de una nota que mostraba con crudeza inusitada parte de la realidad social: “Nosotros sólo hablamos con la imagen”.

"Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo”, supo aseverar Clur, con agudeza profesional y claridad anticipatoria, en los albores de un proceso globalizador que ubica a la comunicación social en el rol de inobjetable fiscal, capaz de poner en jaque, por acción o reacción, a individuos, grupos o regímenes de cualquier especie que avasallen los derechos humanos o la libertad.

En junio del año 2004, cuando se aprestaba al cierre de la última edición de su existencia, no es difícil imaginar a Luis Clur generando, en lo profundo de su mente, y a pesar de estar retirado de la actividad y enfermo, nuevas formas de gestionar la comunicación periodística: Un objetivo constante de su vida.

Con aciertos, contradicciones y errores, su extensa trayectoria en los medios de comunicación, torna a Luis Clur en un actor que amerita ser considerado en el contexto de la historia del periodismo.

Bibliografía y fuentes:

- Hermida, L. M. y Satas, V. (1999): TV manía. Programas inolvidables de la televisión argentina. Sudamericana. Buenos Aires.

- Ulanovsky, Carlos (1997): Paren las rotativas. Una historia de grandes diarios, revistas y periodistas argentinos. Espasa. Buenos Aires.

- Ulanovsky, C; Itkin, S. y Sirvén, P. (1999): Estamos en el aire. Una historia de la televisión en la Argentina. Planeta. Buenos Aires.

- Diario La Nación, Buenos Aires, 14 de mayo de 1996 / 13 de junio de 2004.

- Diario Página 12, Buenos Aires,14 de mayo de 1996.

- Diario Crónica, Buenos Aires, 13 de junio de 2004.



http://www.lanacion.com.ar/ Consulta: 29-06-04













sábado, 2 de enero de 2010

La educación a distancia en la publicidad de los medios gráficos de antaño.

(Jorge Eduardo Padula Perkins)

La educación a distancia no es el moderno producto de la aplicación didáctica de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Lejos de las computadoras, los CD Rom y la Internet, sus antecedentes más remotos nos conducen a la Gaceta de Boston, en 1728, en donde un anuncio ofrecía material auto instructivo para el aprendizaje de mecanografía que incluía la posibilidad de consultas por correo.

Básicamente se trata de una modalidad pedagógica concebida para funcionar en condiciones de separación física y temporal entre el docente y el alumno, razón por la cual dispone de mecanismos de interacción a través de diferentes medios de comunicación.

Para ello se trabaja con materiales de estudio especialmente diseñados, instrucciones claras sobre los procesos a seguir y la atención personalizada mediante tutorías.

En la memoria popular argentina, los orígenes de la educación a distancia en la Argentina se encuentran en la oferta de cursos comerciales a través de las revistas, en especial de historietas.

Resulta curioso revisar algunos de esos contenidos.

"Todos admiran a los que saben triunfar. Mándenos hoy mismo el cupón adjunto y recibirá GRATIS el valioso libro 'Hacia delante', que le enseñará cómo también usted puede progresar estudiando por correo y en su propia casa, en sus horas libres y sin dejar sus ocupaciones actuales", rezaba un aviso de 1940, de la Universidad Popular Sudamericana, dirigida por el Ing. B Marguillán, con domicilio en Rivadavia 2465 de Buenos Aires.

Lo ilustraba la llamativa imagen del dibujo de un hombre admirado por tres empleadas y la leyenda "Un jefe de 20 años".

De la publicación en una revista de humor e historietas como Patoruzú y esta particular leyenda, se desprende que la oferta estaba dirigida a un público joven y ambicioso, interesado en el progreso económico y social.

Tenedor de libros, empleado de comercio, mecanografía, secretariado, mecánico agrícola, avicultura, corte y confección, dibujo artístico, química industrial, motores a explosión, procuración y martillero público, eran entre otras las variadas orientaciones ofrecidas para tal fin.

Asimismo, a cada alumno inscripto se le obsequiaría un libro (Diccionario Enciclopédico Castellano ó La farmacia en casa) y "el lujoso 'Carnet del Estudiante'".

Ese mismo año, Escuelas Sudamericanas, cuyo director era Patricio C. Ryan, "Bachiller y Contador" ofrecía cursos de sastre, radio, autos, modista, dibujante o construcción.

Sin signos de modestia señalaba el aviso que "las Escuelas por correo más importantes", fundadas en 1915, funcionaban en Av. Montes de Oca 695 de Buenos Aires, en el "Palacio propiedad de estas Escuelas".

En otro orden de cosas se aseveraba que "Regalamos las lecciones, papeles, sobres, carnet y útiles".

Durante años, la educación a distancia siguió siendo mayormente conocida a través de este tipo de tentadoras y llamativas ofertas.

Mientras tanto el peronismo creaba la Universidad Obrera Nacional (UON), destinada a promover la capacitación y jerarquización de los obreros en el marco de un fuerte proceso industrializador. Organizada mediante facultades regionales en distintos puntos de país, trocaría, en 1959, en la Universidad Tecnológica Nacional, hoy también dotada de cursos no presenciales.

Un ejemplar de la ya citada revista de historietas, esta vez del año 1956, abunda en espacios de publicidad dedicados a estudios por correspondencia que muestran la continuidad de éstos a través del tiempo.

"GRATIS su propio taller en 10 días...y ganará $ 5000 por mes COMODAMENTE EN SU HOGAR!" aseguraba la 1° Escuela Suiza de Relojería, que no vacilaba en afirmar que "Su porvenir está en los cursos brillantes y acelerados" que de su oferta formativa "en clases personales o por correspondencia y que le permitirá, en muy poco tiempo, convertirse en un experto" Técnico Relojero Cronometrista. Asimismo prometía que "con el equipo de herramientas que la Escuela administra GRATIS a sus alumnos desde las primeras lecciones" el estudiante "podrá instalar SU PROPIO TALLER".

"Con un poquito de estudio....y este bisturí, yo me aseguré el futuro..." asevera un simpático personaje dibujado que, sonriente y con chaqueta de profesional, muestra en su mano izquierda el reluciente instrumento quirúrgico. "Un PEDICURO -agrega el aviso del Instituto de Enseñanza Profesional LYFAR- además de ser socialmente considerado, tiene su futuro asegurado...y si viera usted qué fácil y en que poco tiempo puede DIPLOMARSE, con nuestro método teórico-práctico, en clase o por correo".Como si eso fuera poco, "a todo diplomado de n/cursos por correspondencia REGALAMOS 100 tarjetas profesionales...", remata.

Asociación Radio Instituto ofrecía, también en 1956, gratis para sus cursos personales o por correspondencia, "TODO EL MATERIAL PARA ARMAR 26 RECEPTORES DISTINTOS", como un amplificador audiofrecuente, un pequeño transmisor de radio, dos osciladores para calibración y aseguraba que "TODOS LOS MATERIALES y las VALIOSAS LECCIONES ENVIADAS quedan de PROPIEDAD del alumno".

El Primer Instituto Fotográfico Argentino Sandy, de Sarmiento al 200, invitaba a estudiar en "sus horas libres" mediante "nuestro fácil y moderno Curso en CLASE o por CORRESPONDENCIA" que capacitaba en poco tiempo e incluía "máquina, rollos, papel y drogas completamente gratis..."

La denominada Asociación de Profesores y Maestros del colegio "LA CULTURA" ofrecía por su parte Bachillerato o Perito Mercantil "abreviado en 2-3 años" en clase o por correspondencia.

Mientras en algunos ámbitos se estaban produciendo experiencias no comerciales de carácter puntual, a nivel popular la capacitación no presencial seguía vinculada a propuestas rentadas, dirigidas a públicos con ambiciones de progreso rápido, en su mayoría sin escolarización de nivel medio que le permitiese incursionar en estudios terciarios.

Asimismo, parte de la oferta de este tipo apuntaba a satisfacer demandas de formación en disciplinas inexistentes en la educación formal. En este sentido, ya en 1972 la Primera Escuela Argentina de Detectives, de Diagonal Norte al 800 publicaba una pieza publicitaria proponiendo al lector que "Sea un aliado de la JUSTCIA y de la VERDAD", capacitándose para "esta apasionante y provechosa actividad" mediante "nuestros cursos por correo" con los cuales "usted aprende en casa, sin problemas de horario...", en base a lecciones "redactadas en forma clara, sencilla y directa".

En tal sentido ofrecía tutorías asegurando que "Nuestro Cuerpo de Profesores vigila el desarrollo de sus estudios y aprendizaje, allanándole cualquier dificultad".

Con la perspectiva del tiempo transcurrido, podemos hoy mirar con curiosidad y simpatía la publicidad que, desde la educación por correo, convocaba a un futuro próximo colmado de realizaciones profesionales y personales.


Fuente: Padula Perkins, Jorge Eduardo (2008): Una introducción a la educación a distancia (Nueva edición aumentada y actualizada), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Ver: http://www.fce.com.ar/ar/libros/detalles.aspx?IDL=2937

domingo, 29 de noviembre de 2009

Selecciones Escolares: La revista infantil del ayer con la que se formaron muchos de los adultos de hoy.

(por Jorge Eduardo Padula Perkins)

En agosto de 1959 comenzó a editarse una revista infantil que estaría llamada a constituirse en un hito en la historia de las publicaciones de su tipo: Selecciones Escolares. Producto de la editorial Codex, líder en el mercado editorial de entonces, tuvo por manifiesto objetivo ser material de distracción, cultura general y apoyo escolar. Un recorrido por sus contenidos permitirá recrear no solo a esta revista sino a toda una época.

Corría el mes de agosto de 1959. Arturo Frondizi ejercía la Presidencia de la Nación desde al año anterior, cuando había sido elegido en comicios teñidos por la proscripción del peronismo y en “El show de Gesa”, programa televisivo conducido por Juan Carlos Thorry, hacía gala de su velocidad discursiva un joven Tato Bores destinado a ser durante muchos años el paradigma del humor político.

Es en ese entonces cuando apareció en Buenos Aires la revista infantil Selecciones Escolares, producto de editorial Codex que ocuparía un lugar de importancia en la vida cotidiana de los pequeños de la época.

Si bien desde su nombre mismo mostraba la abierta intención de constituirse en material de apoyo a la tarea docente, logró amalgamar tal función con atractivas formas de entretenimiento en un todo ameno, accesible y acogedor que le permitió tener considerable influencia en aquellos chicos nacidos a fines de la década del ’40 y durante la del ’50.

Amen de su contenido, tenía como característica distintiva el atractivo y cómodo formato de 13 centímetros de ancho por 19 de alto con el que se diferenciaba del material existente hasta ese momento.

La editorial. Educación y socialización.

La editorial Codex se dedicaba, desde el año 1944, a la impresión y publicación de enciclopedias, textos escolares, diccionarios, revistas y obras bibliográficas de diferente tipo.

Fue una de las empresas más importantes en su género y estableció compañías asociadas o controladas en varios países de América y en España, aunque luego acabaría siendo puesta en venta por licitación pública internacional en 1978, tras pasar por la quiebra y la absorción por parte del Estado.

Selecciones Escolares, al igual que muchos otros de sus productos, se orientaba a contribuir a la formación, tanto en el marco de la educación formal, mediante el apoyo a los contenidos curriculares de la escuela, como a la no formal, a través de temas y valores considerados de importancia social.

Así, además de material de apoyo escolar, la revista ofrecía información sobre la realidad social, científica y tecnológica que contribuía a engrosar los conocimientos de los niños en un orden más amplio que el de las aulas. En este sentido pueden citarse notas de difusión tales como “Nuevos inventos para los niños”, que señala las ventajas de un novedoso sistema de diapositivas ; “La conquista más grande del siglo” referida a la fusión que transforma el hidrógeno en helio y el posible aprovechamiento pacífico de la energía atómica o “El bisturí en el corazón” que versa sobre los adelantos de la cirugía cardiovascular.

Asimismo el contenido de la publicación es claro en cuanto al interés por hacer un aporte socializador que incluyese referencias a pautas de comportamiento, normas y valores, tales como el respeto y amor a los padres, el ser útil a la sociedad, la defensa del bien y la verdad, la consideración para con los animales, la unión familiar o el honrar a los prohombres, que surgen de modelos explícitos o implícitos a través de notas y comentarios.

Dirigida por Nicolás Juan Gibelli, se presenta a si misma como “Revista mensual de divulgación y actualidades para la juventud” y su primera tirada comercial alcanzó los 120.000 ejemplares de 80 páginas.

El lenguaje utilizado es el propio de una prosa castellana pura. Por ejemplo : “¡Eh, tú, muchacho, ponte a trabajar !” o “Ahora haced la prueba de enrollarlo...”, como así “...como vosotros llegáis a abrir cajones”.

Las ilustraciones de tapa son dibujos Cozzi Athos y consisten en niños en escenas de humor o de contenido ejemplarizante. En septiembre de 1959 por ejemplo, la tapa se ilustra con una nena y un nene que, en las márgenes de una laguna, observan asombrados a un linyera que lee un libro. Rubrica la escena la leyenda “Nunca es tarde”.

Evolución en los primeros meses.

En el número 2, de septiembre de 1959, un recuadro titulado “Advertencia a nuestros lectores” señala que “La apoteótica acogida dispensada a nuestro primer número hizo que la tirada del mismo fuera insuficiente y dio motivo a que una inmensa cantidad de interesados en la revista no pudieran obtenerla. A ellos, les pedimos disculpas. Para que no se repita un hecho tan lamentable triplicamos en este número la tirada del anterior. Pero para esto debimos recurrir a las existencias del único papel obtenible en plaza, que se adapta a nuestras necesidades. Por esta causa, una parte de esta edición está impresa con un papel diferente, circunstancia que trataremos de evitar en lo futuro”.

En octubre de 1959, número tres, la revista da a conocer tres noticias que son señales de su evolución :
a) La próxima aparición de las “Tapas-libros” de material plástico para coleccionar 12 números de la revista.
b) La entrega gratuita con dichas tapas de la reimpresión del número cero que había circulado en forma no comercial y solamente entre docentes.
c) La reimpresión del número uno.

Posteriormente la revista modificaría su periodicidad, pero en términos generales se mantendría estable en el mercado y conservaría sus principales características distintivas hasta el número 92, de febrero de 1964. Dirigido siempre por Gibelli ese ejemplar anuncia la finalización de las ediciones en el formato de 13 por 19 centímetros y la periodicidad mensual (a la que había vuelto para entonces). A partir del 23 de marzo de ese año habría de comenzar a editarse en nuevo formato de 24,5 por 31 centímetros y tener aparición semanal los días lunes.

Un homenaje al director.

La página 21 del número 6, bajo el título “Muchas Gracias”, está dedicada a destacar los principales detalles de un acto llevado a cabo el 30 de noviembre de 1959 en el Plaza Hotel. En la oportunidad el Círculo de la Prensa de Buenos Aires organizó una cena de camaradería en honor al director de Selecciones Escolares, Nicolás Juan Gibelli, con motivo de la entrega de 800.000 ejemplares de la revista.

El comentario indica que a dicho acto adhirieron la Asociación Argentina de Editores de Revistas, la Federación Argentina de Propaganda, la Confederación de Profesores y Maestros Católicos de la República Argentina, el Círculo de la Prensa Escolar, la Cámara de Industriales Gráficos de la Argentina, la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines y el Sindicato de Vendedores de Diarios, Revistas y Afines.

Asimismo se destaca la asistencia del Subsecretario de Educación en representación del ministro del área y “numerosas personalidades de las embajadas extranjeras, de órganos periodísticos nacionales y del exterior, del magisterio y la industria gráfica”.

También se transcriben las palabras pronunciadas en la ocasión por el señor Gibelli, que agradeció los conceptos vertidos por quienes le precedieron en el uso de la palabra “en nombre del Directorio de la Editorial Codex” y en el suyo propio. En el final de la exposición, el disertante afirmaba que “a esos maestros, a los padres de familia, al periodismo sano y a nuestros hijos pertenece Selecciones Escolares, cuya dirección se propone interpretar sus anhelos, sus inquietudes, sus angustias y sus ideas en pro de una nueva generación de argentinos cada vez más dignos, cada vez más cultos, cada vez más nobles”.

Secciones fijas.

La mayor parte del contenido de la revista estaba constituido por secciones fijas de las cuales vamos a hacer una reseña.

“Selematch” era un entretenimiento didáctico-visual, según el cual en una edición de la revista se publicaba un dibujo o fotografía que los lectores debían reconocer. De este modo podían participar en un sorteo de un diccionario del fondo editorial Codex entre todas las respuestas correctas. La solución era publicada en la edición siguiente, mientras que los ganadores eran notificados en forma directa. Personalidades, edificios y lugares históricos, zonas geográficas o turísticas, eran por lo general objeto de este juego. A modo de ejemplo puede citarse que en el número 4 se publicó una fotografía del Museo de la Universidad de La Plata, y en el número 12 el Palomar de Caseros y Justo José de Urquiza.

“Celebraciones del mes” que luego pasó a denominarse “Efemérides del mes” fue una sección dedicada a resumir e ilustrar los hechos y significados de las conmemoraciones adoptadas por el calendario escolar, clásico material de apoyo a la tarea docente.
En el número cuatro, por ejemplo, se recuerda la fundación de la ciudad de La Plata, dada el 19 de ese mes, en el año 1882 : “Veintiún años después del Pacto de San José de Flores -dice en página 11- bajo la presidencia del doctor Nicolás Avellaneda y como consecuencia de haber sido cedida la ciudad de Buenos Aires -año 1880- a la Confederación para que en ella se instalaran definitivamente las autoridades nacionales, el gobernador de la provincia homónima, doctor Dardo Rocha, se vio en la necesidad de instalar su gobierno dentro de los límites de dicho Estado...”

Distintas historietas, generalmente en una extensión de cuatro páginas y de carácter continuado, eran parte de la propuesta de esparcimiento de la revista. En tal sentido, entre otras, pueden citarse “El capitán del SAMARAG”, “Los tigres del Ganges”, “Hombres de la montaña”, “Morfeo” y “Santos Leiva”. Esta última, si bien orientada a la continuidad, presentaba en cada número capítulos unitarios. Se trataba de un jovencito gaucho, trompa de órdenes del Ejército durante la época de la conquista del desierto que, concentrando todas las virtudes humanas, conformaba el paradigma del criollo.

“...Aquí está Barbablanca” se denominó a la sección de cartas de lectores de Selecciones Escolares. Barbablanca era un anciano estereotipado al estilo de los viejos duendes de los cuentos de hadas, que ilustraba siempre las páginas destinadas a esta función, luciendo sus largas barbas, zapatos largos y puntiagudos y su sombrero de gnomo. Las cartas recibidas, muchas de ellas con consultas sobre temas de interés escolar, no solamente eran publicadas, sino también respondidas por el sabio y bondadoso Barbablanca, siempre atento a ofrecer una lección, tanto de conocimientos, cuanto de moral y buenas costumbres. Aparecían preguntas tales como ¿Quién fue el iniciador de la apicultura ?, ¿Qué es el relieve ?, ¿Quién inventó el teléfono ?, o interrogantes como “Deseo saber si existen todavía las hadas...” ; este último respondido por el anciano de la siguiente y romántica forma : “En los corazones de todos los niños buenos siempre hay un lugar para las hadas. Muchas veces esa hada es la misma mamá, y no pocas veces la maestra. Todas las personas que nos hacen un bien son un poco hadas...”.

“Para enseñar a leer al hermanito” tenía una doble intencionalidad. Por un lado ofrecer una atractiva forma de práctica de lectura y escritura, según los conceptos pedagógicos de la época, para niños de primer grado inferior o próximos a ingresar a la escuela. Por otra parte, promover, como se sugería desde su nominación, la participación de los niños más grandes en la educación de sus hermanos, por lo menos a través de esta amena modalidad.

Rubricada con la advertencia de que “La enseñanza de la lectura y la escritura es una tarea de amor...”, esta sección se presenta en abril de 1960 con la sugerencia de una serie de ejercicios previos.

“Invitarán al hermanito a dibujar lo que desee. Esto se llama dibujo libre y no hace falta corregirlo...”, dice. En las páginas siguientes se inician los ejercicios de aprendizaje. Un duendecito señala con un puntero el ala de un ave. Aparece la palabra “ala” en letra cursiva y tipo imprenta, al igual que las vocales y las sílabas. Algunas de ellas en línea punteada para escribir por encima de las marcas y practicar el dibujo de las letras. Este es el método con el que, en ediciones sucesivas, se desarrolla la enseñanza.

“¿Lo sabías ?” era la clásica sección de curiosidades y difusión de conocimientos dispersos, como por ejemplo lo agudo del olfato del buitre, la ciudad con mayor cantidad de árboles, la planta más venenosa, el origen de la muralla china, la ostra más grande vista en el mundo, etc.. A modo de ejemplo, en el número 92, se dice en esta sección : “Conservando antiguas tradiciones, los blancos de Sudáfrica suelen asar en grandes fogatas enormes salchichas que resultan muy apetitosas”.

En el número 2 se había afirmado que “La hiedra es una planta que cubre las paredes de algunas casas, tiene las hojas dispuestas como las tejas de los techos y en los días de lluvia impide que se mojen las paredes”.

“¡Cuidado con la ortografía !” conformaba un espacio dedicado a contribuir a la fijación de usos ortográficos de las distintas letras a través de una doble página versificada e ilustrada.

“De las astutas serpientes/sibilantes, sibilinas,/tiene la señora “S”/la silueta distinguida”, dice en el número 19.

En junio de 1960, flanqueadas por ilustraciones tales como un cubo, una bicicleta y una bandera, entre otras, los versos se refieren al uso correcto de la letra “b” : “Estos seis verbos que ahora/en seguida te diré :/beber, deber y caber,/haber, saber y sorber,/en todas sus inflexiones/mantienen siempre la ‘b’”.

Distintos crucigramas didácticos aparecían publicados en Selecciones Escolares. En ellos se amalgamaba el entretenimiento y el conocimiento porque los ha habido sobre montañas, países, ciudades, personalidades, etc.. Por ejemplo, en coincidencia con el Día Universal del Ahorro, se publicó un “Ahorrograma con acróstico” . En el número 13, aparece el crucigrama “Descubridores y colonizadores”.

Una página denominada “Humorismo” incluía de tres a cinco cuadros independientes de chistes gráficos. En el numero 4 se ve, en uno de los cuadros, a tres tigres relamiéndose, rodeados de objetos de uso humano. Uno de ellos dice : “-¡Es cierto, en seguida uno se siente mucho mejor después de la visita de un buen veterinario... !-“.

Los entretenimientos, actividades didácticas y manualidades han sido varios, pero en la forma en que mejor aparecen representados es en las instrucciones y moldes para la realización de elementos de factoría propia, fuere un muñeco, títeres, escenario para títeres, perchero o un proyector.

En todos los casos se ofrecía una lista precisa de los materiales necesarios y los pasos a seguir para la construcción, claramente ilustrados.

“Crónica de animales” e “Historias verídicas de animales” desarrollaban anécdotas protagonizadas por irracionales, tales como una perra que crió a un cachorro de tejón, un pescador que pescó un pez con anteojos (que había extraviado un colega suyo), dos monitas que llevaron la cola de la novia en una boda. Tal el caso de “La pequeña Josefina Trentín de 5 años, de Pozo Hondo (Santiago del Estero)” que “estaba jugando en una cueva abandonada, cuando fue sorprendida y sepultada por un derrumbe. Por suerte la acompañaba su perro que corrió a su casa y ladrando logró atraer algunas mujeres hasta el lugar. Así la pequeña Josefina pudo ser salvada”.

“¡Cuidado !¡Peligro !” era un anecdotario que tenía como principal objetivo el advertir a los pequeños lectores respecto de distinta clase de riesgos a los que se podrían enfrentar en la vida cotidiana. Así, por ejemplo un relato sobre un juego con simuladas espadas, termina señalando el peligro de jugar con objetos punzantes.

“Vosotros en verano bebéis ininterrumpidamente y de cualquier lado : de fuentes, arroyos, bombas...siempre y cuando sea un líquido semejante al agua. Pero hacerlo es muy arriesgado, dado que el agua puede estar infectada, contaminada, sucia, y entonces...vienen los dolores. No bebáis jamás agua de la que no estéis seguros que no está corrompida. ¡Jamás !”, se afirma en el número 10.

Con la denominación de “Yapeyú...Hip...Hip...¡Ra !” se desarrolló la larga historia en capítulos unitarios de un grupo de chicos de barrio que forman un equipo de fútbol que, con el tiempo llega a jugar en primera división. Los estereotipados personajes como el gordo “Pandeleche”, goloso y comilón ; el negrito “Fanschico”, bailarín, travieso y juguetón ; el pelirrojo “Llamarada”, arquero del equipo o, entre otros, “El Tarta”, puntero izquierdo tartamudo pero veloz en el juego, daban vida a historias ejemplarizantes y siempre dotadas de ternura...

“El 17 de agosto, después del homenaje al general Don José de San Martín, en el mismo patio escolar, alumnos de sexto grado resuelven formar un club de fútbol. Fueron muchos los nombres propuestos, pero cuando Capicúa sugirió Yapeyú, estuvimos todos de acuerdo...” dice la primera parte de esta historia, aparecida en el número 6, de enero de 1960.

“Enciclopedia de los animales” era la recopilación de información sobre características, formas, colores, costumbres y habitat de diferentes animales. Aparecían generalmente agrupados por especies e ilustrados con fotografías.

“El dingo es un perro selvático parecido al lobo (comenta en noviembre de 1959 el número 4 de la revista). Es muy feroz y ataca a cualquier animal, aun al canguro grande y veloz. Los europeos hacen la guerra a estos destructores de rebaños, tanto que hoy quedan pocos ejemplares. Los indígenas, en cambio, han tratado de domesticarlo para convertirlo en ayudante de caza...”.

“Jugando con las plantas” sugería a los lectores la realización de “juegos” que eran en realidad experimentos demostrativos de la biología vegetal, tales como orientación hacia el sol, penetración de las raíces en superficies duras, transpiración, fotosíntesis, etc.

En diciembre de 1959 por ejemplo, se señala con referencia a una experiencia, que “En cuanto la plantita tenga unos diez centímetros de altura, comenzará a comportarse de una manera que es típica de las plantas trepadoras : la parte superior del germen se doblará y empezará a moverse lentamente en sentido circular. Observad con atención el tallo de vuestra plantita de campanillas y os daréis cuenta de que cada media hora su extremo apuntará en una dirección distinta...”.

“El tío filatelista” constituía un incentivo a los lectores para su incursión en la filatelia como camino hacia el conocimiento histórico, geográfico, etc. El “tío”, un simpático hombrecito de gruesos bigotes blancos, daba, edición tras edición, información sobre determinados e interesantes sellos postales del mundo.

“En el año 1962 fueron emitidas estas estampillas en homenaje al célebre baile del Ramayama inspirado en la leyenda de Rama y Sita”, se aseguraba en el número 92 que reproduce los seis sellos a los que el texto se refiere.

Es también un espacio común el que ocupaba lo que llamamos prosopopeya didáctica, es decir el relato que ciertos objetos inanimados hacen de su existencia, funcionamiento, razón de ser, etc.. Así por ejemplo, “El arado relata”, “La nafta relata”, “La iglesia relata”, “La casa relata” o “El bisturí relata”. Se lee en este último : “En la sala de operaciones el bisturí permanecía callado junto a un ramo de rosas rojas enviadas por un enfermo para ser entregadas a la buena sor Celestina ; una enfermera las había dejado en la sala de operaciones.

- Jamás me ocurrió semejante cosa -refunfuñó el bisturí- ¡Huelan qué aroma !
Una rosa disgustada ante aquellas palabras, abrió su rojo corazón, y preguntó :
- ¿Acaso te molesta nuestra presencia ?...”
Luego la conversación de los seres inanimados iba incursionando en temas de medicina tales como la historia de la cirugía, la aparición de pinzas hemostáticas para contener hemorragias, los anestésicos, etc.

Notas diversas.

Amen de las secciones fijas, Selecciones Escolares ofrecía notas diversas. Para citar solamente algunos casos puede decirse que en el número 2 bajo el título “Insectos alquimistas” se ofrecía un artículo de cuatro páginas con profusas ilustraciones sobre abejas, tipos, características y elementos de apicultura.

En el número 4 se presentó una síntesis histórica y conceptual de la UNESCO “concretada el 4 de noviembre de 1945, en que se constituyó oficialmente. Un año más tarde 79 países la integraban y ya estaban en ejecución algunos planes de corto alcance, mientras se realizaba una intensiva labor de planificación de obras de vastas proyecciones”.

En abril de 1960 apareció una nota en forma de diálogo familiar sobre la ley de la gravedad y teorías de la fuerza titulada “Bill y la manzana”. Dice uno de sus párrafos : “Si tú atas una piedra a un hilo y los haces girar, la piedra sigue una ‘trayectoria’ que es una circunferencia. Cuanto más velozmente la haces girar, más debes esforzarte para que no se te escape. Entonces en un determinado momento la piedra ‘tirará’ tan fuerte que se romperá el hilo y se irá volando en línea recta. Esa fuerza que obliga al objeto a alejarse de tu mano, justamente se llama fuerza centrífuga”.

“Cuatro botones mal pegados” es el título de la nota aparecida en el número 3 que se inicia diciendo : “Hoy Eduardo volvió triste de la escuela. La maestra le había corregido una composición que él estimaba no tenía un solo error”. De ahí en más, el relato aclara los errores semánticos en que el niño habría incurrido y se remata diciendo que “Eduardo comprendió lo útil que es saber usar el diccionario.”.

La poesía tuvo también su espacio en la revista mediante obras de Gabriela Mistral (“Doña primavera”), Leopoldo Lugones (“Canto a la mañana”) y Ricardo Rojas (“La libertad”).

La publicidad.

Una somera observación de los espacios de publicidad en varios números de la revista permite apreciar que la publicidad ocupaba aproximadamente un 12,5 % del espacio total de cada edición, como así también que cerca de un 60 % de esos espacios estaban cubiertos por otros productos de la editorial Codex.

En este sentido y al mejor estilo de las actuales empresas de multimedios, Codex generaba un mecanismo de retroalimentación publicitaria entre sus productos editoriales.

Así, algunas de las obras del fondo editorial ofrecidas en Selecciones Escolares eran, por ejemplo, Diccionarios Codex (Cuatro tipos), “Pájaros del mundo” (Tres tomos con textos en castellano, inglés, francés y portugués, con ilustraciones de Axel Amuchástegui), “Historia universal” (Tres tomos. Por Charles Guignebert, profesor de la Universidad de París, traducida y completada por Horacio A. Difrieri, profesor del Colegio Nacional de Buenos Aires), “Historia gráfica del arte universal” (Por Julio E. Payró, de la Academia Nacional de Bellas Artes), “Nuestro universo maravilloso” (Cuatro tomos. Ficción y realidad del misterio y la investigación), revista mensual “Pimpinela” (Historietas de acción), libros bimestrales “Pimpinela extra”, “Diccionario enciclopédico, atlas universal y poligloto Codex” (Seis tomos), “Novelas humorísticas, juveniles y policiales” (Seis tomos), “Grandes figuras de la humanidad” (Seis tomos. Estudio crítico biográfico de 1315 hombres célebres), “Contabilidad” (Siete tomos), “Enciclopedia estudiantil” (Revista semanal coleccionable para el estudiante secundario) y “La Biblia” ( Semanal, encuadernable).

Palabras finales.

En lo que respecta a su inserción en el mercado de lectores de revistas, la permanencia del medio a través de un considerable espacio de tiempo, las cantidades de las tiradas y otros indicadores de crecimiento y repercusión, hablan a las claras de una vigorosa presencia de Selecciones Escolares en la franja de público infantil, en los albores de la década del sesenta.

En orden a la descripción y evaluación de sus contenidos, surge que la revista se orientó al apoyo escolar curricular, el entretenimiento y el aporte a la socialización, mediante la información general y la transmisión de valores, normas sociales y pautas culturales, según las formas de su época.

De esto último se deriva asimismo que, si bien el medio ha tenido un estilo particular tanto en la forma cuanto en el tratamiento de los temas, presenta notorios puntos de semejanza con otras revistas infantiles en cuanto el perfil educativo y socializador, como así en la intención, tácita o manifiesta, de obtener para si no solamente la preferencia de los niños sino también el apoyo de los adultos (padres y maestros).

Podría decirse, educar jugando y jugar con educación.

Fuentes:

• Diario Crónica, 02-10-70
• Diario Cronista Comercial, 08-10-74 / 24-12-74

Revista Selecciones Escolares, números 2, septiembre 1959; 3, octubre 1959; 4, noviembre 1959; 5, diciembre 1959; 6, enero 1960; 10, marzo 1960; 12, abril 1960; 13, abril 1960; 14, mayo 1960; 16, junio 1960; 19, julio 1960; 34, marzo 1961; 91, enero 1964 y 92, febrero 1964.


--------------------------------------------------------------------
Publicado originalmente en la revista-libro "Ensayos Académicos", año X, número 1, del Instituto Superior Pedro Goyena de Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, en octubre de 2009.